Los propósitos de año nuevo

Cuando se acercan los últimos días de diciembre, casi todos realizamos una lista de cosas que nos gustaría llevar a cabo durante el siguiente año. Con esta acción esperamos que al cambiar el año cambien también algunas cosas en nuestra vida. 

Veamos algunas pautas que pueden ayudarnos a que esta lista de propósitos sea de verdad una ruta realista a seguir en nuestro plan de vida.

-Lo primero que hay que recordar es que cualquier día es bueno para cambiar algo que deseamos mejorar; no tiene por qué ser fin de año, ni una fecha especial o señalada: cualquier día puede convertirse en un nuevo comienzo. Si deseas que algo cambie, empieza hoy.

-Asume la responsabilidad del cambio en tu vida. Tú eres quien genera, dirige y mantiene el cambio.

-Los propósitos que componen el cambio han de ser realistas, acordes a tus circunstancias personales. Un ejemplo que puede servir para entender esto es el relacionado con el peso.

Propósito: pesar lo mismo que cuando era joven (no realista).

Propósito: perder peso de forma sana y razonable según mis características personales y bajo el control de un especialista (realista).

-Realiza un compromiso por escrito y a largo plazo. Una fórmula que puede ayudarte es “Yo, XXXX, me comprometo a poner todo de mi parte para cumplir esta lista de propósitos durante todo este año porque quiero cambiar ciertos hábitos conductuales que no resultan sanos para mí y para ello estoy abierto y dispuesto a que esto ocurra”.

-Evita la generalización. Lo ideal es que estos propósitos estén compuestos de pequeñas acciones medibles en el tiempo, que, una vez unidas y realizadas, cumplan el propósito. Un ejemplo de generalización es el propósito de ser mejor persona; una de las maneras operativas de llevarlo a cabo puede ser ayudando a otros (hacerte voluntario de una organización benéfica: rescate de animales, Cáritas, Cruz Roja, Protección Civil o cualquier otra organización de tu comunidad); o también puedes practicar la empatía y la escucha activa a conciencia y llevar un registro de cuándo, cómo y con quién lo has hecho.  

-Que no sean más de 3 metas o propósitos a lo largo del año. No quieras cambiar todo de una vez porque es imposible. Céntrate en el primero de la lista y ve añadiendo los demás mientras cumples el primero.

-Lleva un registro de tus avances y tus logros y colócalo en un lugar visible; te servirá para recordar cada día tu propósito y ver lo bien que lo estás haciendo.

-Recompénsate cada vez que realices una acción medible que te acerque más a cumplir el propósito.

-Pide ayuda si la necesitas. Para ciertos propósitos es buena idea recurrir a un profesional que te ayude, como en el caso de perder peso o de mejorar tu modo de relacionarte con las personas.  

Si crees que necesitas mejorar algunas cosas en tu vida, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

Redes sociales: tú eres el producto de tu escaparate

 Los usuarios de redes sociales (principalmente jóvenes, pero también personas menos jóvenes) son cada vez más. Se estima que el 83% de los adolescentes utilizan las redes sociales (Fuente: Educaweb) y que la mayoría de ellos se conectan a diario. La tecnología, usada de forma adecuada, puede ser muy beneficiosa; el problema radica en que la usamos de forma incorrecta. La llegada de las nuevas tecnologías y todas sus derivaciones ha supuesto un cambio en la forma de relacionarnos con los demás, pero hay que recordar que las redes sociales nunca pueden sustituir el proceso normal de relación social de las personas: solamente puede ser una forma complementaria a dicho proceso.

Una de las consecuencias del mal uso de las redes sociales o las aplicaciones de mensajería es la sobreexposición de la vida privada. Viajes, salidas, compras, escenas cotidianas, convalecencias, momentos de ocio… todo aparece en ese perfil público/estado perfecto que se muestra al mundo. Esta sobreexposición no busca sino la aprobación constante de los demás, en un intento narcisista, insano y vanidoso de gustarle a todo el mundo.  Además, en estos perfiles “sociales” únicamente se muestran los aspectos más positivos, edulcorados e ideales de la vida personal; nadie sube imágenes negativas de sí mismo, ni de los momentos menos bonitos de su día a día como un suspenso en un examen, una ruptura amorosa o un despido en el trabajo.  Esta selectividad de contenido a exhibir ocasiona una distorsión sobre la verdadera realidad de la existencia humana. Los expertos han puesto un nombre a este fenómeno: “el postureo”, o la necesidad de mostrar la vida privada positiva de forma instantánea y continua con el único fin de obtener refuerzo o aprobación por parte de otros. En los casos más graves de adicción a este postureo, las personas emiten una conducta con el exclusivo fin de subirla a redes, lo que acaba originando una seria dificultad para disfrutar del aquí y del ahora. El punto de partida de toda esta demostración se encuentra en la pobre valoración que estas personas tienen de sí mismas, necesitando una aprobación social para autoevaluarse de forma más positiva. Con el paso del tiempo, esta aprobación social se convierte en adictiva, y no sólo eso: si la valoración que reciben de los demás es negativa, les ocasiona una pérdida de confianza en sí mismas y un cambio en el estado de ánimo que puede acabar convirtiéndose en patológico.

También hay que plantearse qué ocurre cuando en esa información que mostramos incluimos a otras personas como familiares (especial mención a los menores), amigos, compañeros de trabajo, etc. ¿Están de acuerdo esas personas en subir la información a redes? ¿Estamos seguros de que queremos que la vida de nuestros hijos se vea sobreexpuesta al escrutinio ajeno? ¿Somos conscientes de que la información que se sube a la red tarda de media 5 años en desaparecer? ¿Cuántas personas pueden tener imágenes nuestras que circulan por la red y que no hemos subido nosotros? Sea como sea, hay que ser muy cuidadosos con nuestra privacidad y con la de los demás.  

Otro aspecto más a tener en cuenta y que está muy relacionado con el bienestar psicológico es que si somos asiduos de redes sociales y vemos en los perfiles de otras personas ese viaje perfecto, esa pareja perfecta, esa familia perfecta… podemos sentir enfado, envidia y disconformidad con nuestra propia vida, hasta el punto de que puede variar nuestra autoestima. Diferentes estudios revelan que una de cada tres personas se siente peor anímicamente tras visitar redes sociales. Y es que los procesos de comparación son inherentes al ser humano, pero este exhibicionismo ajeno acaba provocando una sensación errónea de que nuestra vida no es valiosa porque no la mostramos a los demás o porque no realizamos las mismas actividades que realizan otros.

La recomendación es sencilla y clara: comparte tu vida con las personas que están diariamente a tu lado, con las que no necesitas usar ningún tipo de filtro ni de felicidad preparada. Esas personas con las que puedes contar en un mal momento y que conocen tu vida porque mantienes una relación cercana de verdad. Si tienes familiares lejos, comparte con ellos también lo que creas que debas compartir, sin excesos. Y mejor si es mediante formatos directos que eviten mostrar el contenido a personas que no son de tu entorno inmediato.

Recuerda que tu vida es valiosa, sin necesidad de mostrarla a cada momento y a todo el mundo. Traza tu propio proyecto vital, planea metas e intenta conseguir tus objetivos; comparte y disfruta tu camino con esas personas que sean realmente significativas para ti. Dedica tiempo a contemplar tu valiosa obra en la que trabajas cada día. Reserva tu vida para ti, viviendo cada momento al máximo, disfrutando del aquí y del ahora. La vida real no tiene pantalla.  

Las relaciones afectivo-sexuales en la modernidad: el amor líquido

El término amor líquido ha sido acuñado recientemente por un sociólogo polaco (Zygmunt Bauman) para dar nombre a un fenómeno que se viene produciendo dentro de las relaciones interpersonales en sociedades avanzadas durante las últimas décadas.

En esta vorágine consumista en la que nos hallamos inmersos, las relaciones interpersonales no quedan al margen del delirio del comprar, usar, tirar, comprar, usar, tirar... No son pocos los clientes (hombres y mujeres), sobre todo entre los 30 y 40 años, que manifiestan en las sesiones “estar perdidos” en el mundo relacional de hoy en día; su percepción es de no poder encontrar a nadie que “quiera comprometerse” en una relación estable a largo plazo. Todo lo que parece existir es el usar y tirar, expresión máxima de la mercantilización del ámbito de las relaciones interpersonales. Las personas no quieren pagar una “hipoteca afectiva” durante demasiado tiempo, y optan por relaciones donde prima la individualización y no la díada, y los individuos se mueven en un estado líquido, cambiante y poco predecible. Esto lleva a que las personas mantienen lo que Bauman ha denominado “relaciones líquidas”. ¿Y qué son las relaciones líquidas? Pues aquellas en las que los pilares donde se ha sustentado la relación son enormemente frágiles, y en las que la vinculación (compromiso) es muy superficial y débil y no existe un proyecto de vida en común. Las condiciones que se establecen en estos vínculos son condiciones fáciles de mantener y con términos cambiantes, en vez de ser constructos sólidos, duraderos y predecibles. Esto deviene en que, ante la natural llegada de cualquier conflicto en el seno de la pareja, esta opte por la disolución antes que por la adecuada resolución del conflicto y permanecer juntos ante la adversidad.

Además, la tecnología ha ayudado a amplificar estos marcos relacionales insanos. Como bien apunta Bauman: “las relaciones virtuales superan fácilmente lo real. Aunque es ante todo el mundo offline el que impulsa a los jóvenes a estar constantemente en movimiento, tales presiones serían inútiles sin la capacidad electrónica de multiplicar los encuentros interpersonales, lo que les confiere un carácter fugaz, desechable y superficial. Las relaciones virtuales están provistas de las teclas suprimir y spam que protegen de las pesadas consecuencias (sobre todo, la pérdida de tiempo) de la interacción en profundidad”. Así es; desde la comodidad de nuestros teclados electrónicos, todo es más simple: evadimos la responsabilidad de crear relaciones duraderas, de construirlas con pilares sólidos y estables, y nos dejamos guiar por el simple hedonismo (el placer y el bienestar inmediato y sin coste alguno para nosotros). Y tenemos la misma facilidad para consumir esas relaciones que para romperlas, sin afrontar el amargo trago de ver a la otra persona cara a cara ni de hacernos responsables éticamente de nuestro proceder. Todo está a un click. 

Algunas características de estas relaciones líquidas son:

-Rápidas, vertiginosas: no hay tiempo para que la relación pueda madurar.

-Falta de compromiso real.

-Individualismo exacerbado.

-No hay un proyecto vital en común, no hay objetivos de vida comunes.  

-Cuando surge el conflicto, directamente no se afronta y se rompe la relación.

-Carencia de madurez relacional en el individuo.

-Escasa o nula cobertura de las necesidades emocionales.

Quizá habría que plantearse si realmente estamos preparados para entrar en el bucle de consumición de relaciones a esa velocidad. Las consecuencias a largo plazo de estas relaciones líquidas no están bien estudiadas aún, pero algunas de ellas pueden ser:

-Adicción al subidón y a la sensación de estar enamorado continuamente.

-Adicción a las aplicaciones o chats para buscar nuevas parejas.   

-Dificultad para procesar los duelos consecutivos por las rupturas repetidas.  

-Miedo a las relaciones comprometidas y a largo plazo.

-Utilizar las relaciones en bucle como modo de superar una relación no sanada.

-Dificultades para manejar los conflictos a largo plazo.

-Pérdida de empatía hacia los otros.

Si crees que tienes dificultades para relacionarte, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

Cómo dejar de juzgarnos y tratarnos mejor a nosotros mismos

Todos tenemos un juez interno que, en la mayoría de las ocasiones, no parece ser el gran compañero que nos gustaría que fuese (a veces no está demás preguntarle para quién trabaja en realidad: si a nuestro favor o a nuestra contra). El diálogo interno es uno de los factores más influyentes en la autoestima, y, como todo lo relacionado con la conducta, no es más que un aprendizaje. Puede que en nuestra infancia no hayamos escuchado las suficientes palabras de aliento y de ternura y que, en vez de esas palabras, nuestros cuidadores se mostraron muy críticos y duros con nosotros. Esto se refleja en la adultez en un aprendizaje erróneo sobre cómo dirigirnos a nosotros mismos y tratarnos con el cariño y el respeto que merecemos. Aprender a reconocer el sabotaje programado (programado = aprendido) de nuestro lenguaje interno y a cambiarlo es uno de los primeros pasos para construir una sana autoestima.

Veamos algunas pautas que pueden ayudarnos a tratarnos mejor:

-Evita compararte con los demás: no eres ellos. Ningún ser humano es idénticamente igual a otro; por tanto, las comparaciones entre personas son fuentes poco creíbles de modelos a seguir. Nadie ha recibido el mismo sol que tú, ni bebido la misma agua, ni comido la misma cantidad exacta de alimento y en la misma porción; sin contar que no han tenido el mismo entorno, ni la misma familia, ni los mismos acontecimientos vitales en el mismo momento que tú. No es extraño haber recibido mensajes en la niñez como “Mira tu prima, qué buena hija es, no como tú”, “Tu amigo Jose, ese sí que sabe hacer las cosas bien, no tú que eres un desastre”, etc. Esas comparaciones puede que sigan vigentes a día de hoy en tu interior, ten cuidado y no hagas tú lo mismo para contigo. Eres único y exclusivo: nadie es igual a ti, por tanto, compararse con otras personas no es fiable.

-No hay fórmulas para hacer las cosas absolutamente perfectas. Esto enlaza con lo anterior: cada persona tiene su propia trayectoria vital, su propio modo de existir, su propia forma de ver las cosas. Si preguntas a las personas cómo llevar a cabo un proyecto, cada una te dará una opinión sobre cómo debe de ser hecho y los pasos a seguir. Puede que haya opiniones parecidas, pero nunca iguales. Esto quiere decir que las cosas no tienen un único modo de hacerse, sino tantos como personas existen. Quizá la respuesta está en hacerlas a nuestro modo, aún a sabiendas de que puede que no sea el mejor, pero es el que más se acerca a nosotros y nos representa.  

-Los errores son parte del proceso de crecimiento como persona. No se trata de ser perfecto, sino de ser y hacer las cosas a nuestra forma. Reconocer que somos humanos y no máquinas perfectas nos brinda la oportunidad de cometer errores y buscar alternativas para enmendarlos. No conozco a nadie que no se haya equivocado nunca. Es más, saber que podemos equivocarnos nos hace más sabios y más libres para tomar nuestras decisiones; seremos más sabios aún si reconocemos el error, pedimos disculpas por ello, y ponemos en marcha estrategias eficaces de reparación de dicho error.

-Acepta tus debilidades o tus cualidades poco desarrolladas. Todos tenemos áreas en nuestra vida que asumimos que hay que trabajarlas. Nadie es perfecto. Aceptar esas áreas como parte de lo que somos no nos hace más débiles, sino que nos proporciona libertad creativa y un lienzo en blanco para trabajar en nosotros mismos y construirnos como queremos ser. Reconocer cuáles son esas áreas por desarrollar y aceptarlas es poner en marcha los mecanismos necesarios para que se obre un cambio: es darnos el poder de crearnos a nosotros mismos.

-Acepta y expresa todas tus emociones. Nuestro universo emocional es un mecanismo que nos ayuda a adaptarnos al medio: sin nuestras emociones no habríamos sobrevivido jamás como especie. Escucha a tu cuerpo y a tu mente, dale voz a lo que sientes, incluso si parece que no es lo apropiado para la situación que vives, o si es una emoción que se ha tachado de negativa, como la ira. Sea como sea, reconoce esas emociones, acéptalas como parte tuya que son. Una buena forma de hacerlo es mediante un diario: crearás un reflejo de ti y le estarás dando voz a tu interior; no juzgues ni analices lo que escribes. Simplemente, dale voz a cómo te sientes.   

-No subestimes tus cualidades y talentos. Por poco que sea, siempre habrá una cosa que tú haces mejor que nadie en el mundo. En ti está presente una mezcla única de cualidades, y hay un potencial que está deseando salir a relucir. Habla bien de ti, tú eres tu mejor amigo y el compañero con el que tendrás que convivir toda la vida. Haz una lista de todas las cosas que se te dan bien. Te darás cuenta de dos cosas: de todo lo bueno que tienes y de todas las cualidades más que puedes adquirir si te lo propones.

Si sientes que te juzgas severamente y que tienes dificultades con tu lenguaje interno, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

La soledad no deseada

Cruz Roja España ha iniciado recientemente una campaña para combatir la soledad no deseada. Para más información: https://www2.cruzroja.es/teacompana?gclid=EAIaIQobChMIlqf579-P-wIVPY1oCR2ohwkyEAAYAiAAEgJMkvD_BwE )

En primer lugar, definamos qué es la soledad no deseada; cuando nos referimos a la soledad no deseada hablamos de una soledad que ocasiona sufrimiento a la persona que la padece. Este sentimiento intenso, doloroso y generalmente mantenido en el tiempo surge por la discordancia entre las relaciones sociales que una persona posee y las relaciones sociales que le gustaría tener.

Las personas que sufren este tipo de soledad sienten que no pueden compartir su experiencia vital con nadie o que no tienen a quien acudir cuando su bienestar o su seguridad está en riesgo. Dentro de esta soledad no deseada podemos distinguir dos tipos: la soledad emocional y la soledad social. La soledad emocional es la falta de relaciones que proporcionen confianza e intimidad para la persona. La soledad social es, en cambio, la ausencia de una red social de apoyo amplia y atractiva para la persona. Esta ausencia de red social puede causar soledad en algunas personas, pero otras pueden sentirse solas aún teniendo esta red de apoyo.

Comúnmente pensamos que las personas mayores son las más vulnerables ante este tipo de soledad y quienes más la padecen; sin embargo, cualquier persona de nuestro entorno puede estar sufriéndola. Hay colectivos que son especialmente sensibles ante la soledad, como inmigrantes, mujeres en dificultad social, discapacitados, enfermos crónicos, adolescentes y familias monoparentales. Este aislamiento aumenta exponencialmente el riesgo a desarrollar estilos de vida poco saludables (ver demasiada televisión, no hacer ejercicio, comer a deshoras, etc.).  

Este sentimiento de soledad se ve acentuado por los fenómenos sociales de las últimas décadas, entre ellos internet y la COVID-19. La sociedad también nos vende un individualismo insano y una exclusividad mal entendida (la vida es una selva, tenemos que distinguirnos del resto exageradamente), por lo que la errónea conclusión es que parece que nadie vela por nadie ni existe solidaridad ("cada cual va a lo suyo"), así que cultivar relaciones de amistad verdaderas, profundas y reconfortantes no tiene sentido. Sin embargo, los estudios existentes muestran una correlación entre el aislamiento social y el riesgo de muerte. Es decir, que aquellas personas que por sus hábitos están poco en contacto con otras personas presentan un riesgo de mortalidad mayor; y esto no sólo pasa en aquellas personas que sufren un aislamiento social real, sino también en aquellas que tienen interacciones sociales en número y tiempo suficiente pero que, en el fondo, se sienten solas (soledad percibida).   

Si sufres de esta soledad no deseada, veamos algunas pautas que pueden ayudarte:

-Identifica lo que sientes y cómo te sientes. A veces no resulta sencillo ponerle nombre a nuestro malestar.

-Comprométete y traza un plan por escrito para mejorar tu bienestar emocional. Este plan puede incluir, por ejemplo: hacer una lista de actividades que te gusten y realizar dos de ellas al menos cada día; hacer una lista de formas de mejorar o ampliar tus relaciones sociales (salir al parque a pasear diariamente, llamar más a las personas que te importan, etc.).

-Busca nuevos grupos de interés para encontrar personas nuevas afines a ti (grupo de lectura, talleres de pintura... etc.).

-Inicia un proyecto personal, o retoma alguno que hubieses dejado olvidado para otro momento. El momento es ahora.

-No te dejes vencer por las limitaciones o la frustración que te ocasiona tu situación. Cultiva la resiliencia (capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas: una enfermedad, un accidente, el fallecimiento de un ser querido…).

-Pierde el miedo a “romper el hielo” en las relaciones sociales. Mejora tus estrategias de comunicación (dar las gracias, pedir disculpas, manejar los conflictos, mostrar lo que sientes; trabaja la asertividad). 

Si crees que sufres de soledad no deseada o tienes dificultades para conectarte con los demás, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

El autoengaño

El mecanismo de autoengaño surge ante aquellas situaciones en las que no somos capaces de reconocer y gestionar ciertos aspectos que nos resultan desagradables; por ejemplo, darnos cuenta de que tenemos una dificultad que requiere la ayuda de un profesional, darnos cuenta de que no hemos actuado de una forma correcta o adecuada o de que tenemos que tomar una decisión que nos resulta especialmente difícil y que estamos postergando. El autoengaño no es lo mismo que la mentira, pues en la mentira la persona sabe que no está diciendo o viviendo una verdad, mientras que en el mecanismo de autoengaño la persona ni siquiera es consciente de que lo está usando. Si bien es la mente la que está intentando mantener nuestro equilibrio utilizando este mecanismo, el peligro reside en que la persona no se da cuenta de lo que está ocurriendo y el autoengaño se convierte en la forma de afrontamiento ante sus problemas.  

¿Cuándo estamos cayendo en el mecanismo de autoengaño? Veamos algunas situaciones en las que estamos utilizando este mecanismo y no somos conscientes de ello:

1.    Cuando hablamos demasiado de nuestros problemas, pero no buscamos soluciones a nuestras dificultades, sino simplemente buscamos afecto y protección por parte de los demás.

2.    Cuando nos ponemos agresivos con los demás, como dando por sentado que son ellos los que tienen que solucionar nuestros problemas.

3.    Cuando explicamos muy bien lo que vamos a hacer, pero no lo iniciamos nunca, con el objetivo de evadir la responsabilidad que tenemos sobre nuestra propia vida.  

4.    Cuando nos enfadamos con los demás o con la vida porque esperábamos más de ellos, cuando en realidad es nuestra responsabilidad resolver y conducir nuestra experiencia vital.  

5.    Cuando nos culpamos o culpamos a otros por los resultados obtenidos, con el fin de evitar o amortiguar conflictos internos o con los demás.

6.    Cuando nos refugiamos en el trabajo para evitar tomar contacto con nuestros propios sentimientos.

7.    Cuando buscamos mecanismos de excitación, estímulos y recompensas inmediatas para alejarnos de situaciones que nos frustran o nos causan desazón.  

8.    Cuando nos quejamos de cómo son o actúan los demás, para evitar tomar las riendas de nuestra vida.

9.    Cuando nos afirmamos como fuertes, exigentes e independientes ante los demás, cuando en realidad lo que necesitamos es comprensión y apoyo.

10.  Cuando exigimos a los demás como deben ser, para evitar así hacer esa exigencia a nosotros mismos y a nuestra vida.

11.  Cuando nos presionamos y exigimos en exceso, comparándonos con un ideal inalcanzable.

12.  Cuando nos quejamos continuamente de lo mal que nos va para evitar la responsabilidad de disfrutar de lo que tenemos y de hacernos felices a nosotros mismos.

 

Si crees que tienes dificultades para detectar el autoengaño o para poner en marcha soluciones más eficaces ante las dificultades, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

El envejecimiento positivo y con éxito: el bienestar psicológico

El envejecimiento puede ser definido como el conjunto de cambios tanto negativos (que implican declive) como positivos (que implican crecimiento o aprendizaje) que experimentamos las personas a medida que cumplimos años (Siegel, 2012). Este envejecimiento “normal” implica procesos de cambio biológicos y psicológicos que pueden implicar un cierto declive funcional que es, en gran medida, inevitable. Algunos de los cambios biológicos pueden ser pérdida de masa muscular y esquelética, disminución del número y tamaño de las fibras musculares, infiltración grasa de tejidos, engrosamiento de los vasos sanguíneos, rigidez de las válvulas cardíacas… por citar sólo unos cuantos. Se sabe que son muchísimos, que afectan a todos los sistemas del cuerpo y que son, en cierta medida, inevitables. Este envejecimiento “normal” se distingue de lo que los expertos llaman “envejecimiento con éxito”.  Las características de un “envejecimiento con éxito” son:

-Ausencia o baja probabilidad de enfermedad y discapacidad asociada a la enfermedad.

-Alta capacidad funcional física y cognitiva.

-Implicación activa con la vida.

Este envejecimiento exitoso no sólo es debido a unos recursos materiales adecuados (nivel de ingresos, por ejemplo) y a la genética, sino que tiene en cuenta y prioriza aquellos mecanismos psicológicos que permiten al individuo regular su conducta y su vida, de modo que esta regulación le permita alcanzar el bienestar. 

El bienestar psicológico se define como un constructo que engloba diferentes aspectos, como el social, el personal y el psicológico, además de conductas o comportamientos asociados a la salud en general y que conducen a las personas a funcionar de una manera positiva. También se relaciona con la forma en que las personas afrontan y gestionan diariamente los retos de la vida, aprendiendo de las experiencias y dotando su vida de significado. Por tanto, este bienestar psicológico será el que permita o sobre el que se sustente un envejecimiento exitoso. Siguiendo el modelo propuesto por Ryff, encontramos que una persona con envejecimiento positivo o con éxito mostrará unos niveles altos en las 6 dimensiones que conforman el bienestar psicológico:

-Altos niveles de autoaceptación. Las personas que poseen una elevada autoaceptación se caracterizan por una valoración positiva de sí mismas y una actitud abiertamente positiva hacia lo que son, aceptando todos los aspectos de su personalidad, incluyendo aquellos que resultan menos aceptables. La autoaceptación también incluye sentirse bien con su pasado. Las personas con bajos niveles de autoaceptación se sienten insatisfechas consigo mismas y muy decepcionadas con su pasado.  

-Altos niveles de relaciones interpersonales positivas, es decir, relaciones de calidad. Las personas con relaciones interpersonales positivas disponen de personas a quienes pueden amar y con quien pueden contar. Las relaciones que establecen son satisfactorias, cálidas, de confianza. Estas personas se preocupan por el bienestar de los demás, sienten empatía, intimidad y amor. Entienden a la perfección el proceso de dar y recibir amor. Las personas con bajos niveles de relaciones interpersonales positivas carecen de relaciones cercanas, les cuesta ser abiertos y cálidos y no se preocupan por los otros.

-Altos niveles de autonomía personal. Entendemos autonomía personal como la sensación de poder elegir por sí mismo, tomar sus propias decisiones incluso si estas decisiones no coinciden con la opinión de la mayoría.  También recoge la independencia de opinión y conducta, y el no dejarse dirigir fácilmente por los otros. Pueden resistir la presión social y regular sus comportamientos por sí mismos. Las personas con baja autonomía personal deciden en base a la opinión de terceros, buscando complacer las expectativas de los demás.

-Altos niveles de manejo en su entorno. Esta dimensión engloba saber cómo gestionar las oportunidades y exigencias del ambiente para satisfacer tanto la potencialidad como las necesidades de la persona. Las personas con un alto dominio del entorno sienten que tienen un mayor control sobre lo que les ocurre, sintiéndose capaces de influir en los resultados que obtienen y en su ambiente. Quienes tienen un bajo dominio de su entorno les cuesta manejar asuntos de la vida diaria y sienten que no pueden modificar o mejorar su entorno.

-Altos niveles de crecimiento personal. Estas personas saben sacar el mayor provecho de sus habilidades y talentos, incluso en medio de las mayores dificultades. Estas personas sienten que están abiertas a nuevas experiencias, y quieren desarrollar todo su potencial. Las personas con bajo nivel de crecimiento personal en cambio se sienten estancadas, que no mejoran, desmotivadas y no desarrollan nuevos comportamientos ni habilidades.

-Altos niveles en la dimensión de propósito de vida. Esto significa que las personas que puntúan alto en esta dimensión viven en función de los objetivos y metas que se han trazado. Sienten que su vida tiene un sentido, un propósito y una dirección: persiguen sueños que les quedan por cumplir. Piensan que han vivido por y para algún propósito, y que su vida ha tenido sentido y lo sigue teniendo. Las personas con puntuaciones bajas sienten que sus vidas no van a ningún lado, carecen de metas y objetivos y existen por inercia. No hay creencias de que su vida tenga sentido.

En resumen, para envejecer con éxito hay que autoaceptarse de forma incondicional, relacionarse de forma positiva dando y recibiendo amor, creer en la capacidad de elección personal de cada uno, gestionar correctamente las oportunidades y exigencias del entorno y buscar metas y propósitos en la vida. Como puede deducirse, todas estas dimensiones que componen el bienestar psicológico son atemporales, es decir, no están sujetas exclusivamente a una sola etapa de la vida, sino que son la pieza clave de una existencia plena y satisfactoria en cualquier momento del ciclo vital. 

Si crees que no te encuentras en un estado óptimo de bienestar psicológico y que no estás envejeciendo con éxito, sea cual sea tu edad, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

 

Los 5 mitos mortales del amor

 Los mitos del amor son creencias que desarrollamos sobre cómo debe ser el amor y las relaciones; muchos de ellos provienen del cine, televisión, cuentos, novelas... A veces también simplemente son el resultado de la falta de educación emocional y el desconocimiento del funcionamiento de las relaciones en sí.  Sea como fuese, basamos nuestras decisiones acerca del amor en estos mitos. Veamos los 5 que considero más nocivos.

1.       El amor puede con todo.

2.       Si el amor es de verdad, lo sabré a primera vista.

3.       En el mundo sólo hay una única persona conveniente para mí.

4.       La pareja ideal complementará y llenará todos los aspectos de mi vida.

5.       Si el sexo es pleno y fantástico, debe tratarse de amor de verdad. 

Respecto al mito número 1 de que el amor vencerá cualquier dificultad que se presente, a todos nos gustaría que, sin hacer nada, sin trabajar en la relación, sin poner nada de nuestra parte, nuestra vida sentimental fuese maravillosa. La creencia popular es que ningún problema, ninguna preocupación serán insuperables si amamos y queremos lo bastante, y que, si una pareja no permanece, es porque no se querían lo bastante. No son pocas las veces que oigo cosas en las sesiones como “si nos queremos, no importará que él beba mucho”, “si nos amamos, no importará si no me llevo bien con sus hijos o su familia”, “si nos amamos, no importará que a él le cueste expresar sus sentimientos y sea emocionalmente incompetente”, “si nos amamos, él/ella va a cambiar por mí”. Estas creencia erróneas implican que, en el nombre del más puro amor, no se abordarán los problemas o conflictos que puedan existir en la relación y que no se buscarán soluciones. Bendito amor, que va a hacer que todo se solucione por arte de magia y que  va a generar la perfección absoluta y el bienestar sin trabajar la relación!!! Es necesario remarcar que EL AMOR NO ES SUFICIENTE PARA QUE UNA RELACIÓN FUNCIONE; QUERERSE NO BASTA. SE NECESITA ADEMÁS COMPATIBLIDAD Y COMPROMISO DE LAS DOS PARTES PARA HACER QUE FUNCIONE. LAS RELACIONES HAY QUE TRABAJARLAS. 

El mito número 2 sobre el amor a primera vista, nos sugiere dejarnos llevar por los principios de fuegos artificiales, ya que el amor ha de ser algo que nos da en la cabeza con un gran golpe (como si nos hubiésemos dado contra un poyete) en los 20 primeros minutos de conocer a alguien (un saludo a los que creen en los first dates). Cuidado, el encaprichamiento instantáneo, el subidón, es sólo eso, un subidón. Podemos experimentar una poderosa atracción instantánea por alguien, pero eso se desmoronará y dará paso a la desilusión más absoluta con el tiempo si no hay nada más que lo sustente. También podemos sentir ese encaprichamiento o esa atracción por la imagen, la profesión o el coche que conduce esa persona, ignorando a la persona REAL y sintiendo atracción por una imagen o idea que tenemos sobre ella. Dejemos claro que SÓLO SE NECESITAN CINCO SEGUNDOS PARA EXPERIMENTAR UN ENCAPRICHAMIENTO, PERO EL VERDADERO AFECTO NECESITA TIEMPO PARA DESARROLLARSE: EL VÍNCULO AMOROSO COMIENZA A DESARROLLARSE A PARTIR DE LOS 17 MESES APROXIMADAMENTE. 

El tercer mito del amor dice que sólo hay un amor verdadero para nosotros, pero creer esto nos impide dos grandes cosas: primera, abrirnos a nuevas experiencias después de una ruptura porque creemos que sólo podemos estar bien con una persona y que sólo esa es la correcta para nosotros; y segunda, nos impide también soltar viejas creencias sobre cómo deben ser las potenciales parejas para nosotros. Esto quiere decir que nuestro ideal de persona adecuada puede ser “que sepa bailar mejor, que no tenga hijos de un matrimonio anterior, que pese 10 kilos menos, que lea más de 15 libros al año, que sea abogado” y que estas creencias nos estén saboteando nuestras relaciones, puesto que vamos comparando y escrutando concienzudamente a todas las personas que conocemos, de forma que, si no cumplen con ese ideal, ya no resultan adecuadas. Cuidado con las imágenes prefabricadas de cómo tiene que ser nuestra pareja y con la creencia de que sólo hay una persona en el mundo que nos pueda complementar. La realidad de este mito es que PODEMOS EXPERIMENTAR EL AMOR CON MÁS DE UNA PERSONA, HAY MUCHOS COMPAÑEROS/AS CON LOS QUE PODRÍAMOS SER POTENCIALMENTE FELICES Y MANTENER UNA RELACIÓN SANA, PLENA Y SATISFACTORIA. 

El cuarto mito del amor, por el que presuponemos que la persona correcta complementará todos y cada uno de los aspectos de nuestra existencia, tiene mucho que ver con sentirnos plenos y a gusto con nosotros mismos. Para comenzar una relación, primero hay que amarse uno/a mismo/a, hay que llenar “nuestro pozo de amor”, y no esperar que sea otra persona quien lo haga. Es nocivo cargar con ese peso a otras personas, además de pernicioso para la relación. Además, el no cubrir nuestras propias necesidades por nosotros mismos, crea resentimiento contra nuestra pareja porque no lo hace y esperamos que lo haga, o simplemente lo hacía pero ha dejado de hacerlo. Sepamos que, SI NOS SENTIMOS EMOCIONALMENTE VACÍOS ANTES DE INICIAR UNA RELACIÓN, NOS SENTIREMOS IGUAL UNA VEZ LA HAYAMOS INICIADO, Y QUE LA PAREJA CORRECTA LLENARÁ MUCHAS FACETAS DE NUESTRA VIDA, PERO ES COMPLETAMENTE IMPOSIBLE QUE LAS LLENE TODAS.

El quinto mito del amor, según el cual cuando hay buen sexo debe ser amor, es el que quizá acabe siendo el causante de más embrollos en las relaciones. Primero tengamos claro que la sexualidad está para disfrutarla sin culpa; si a dos personas les apetece tener sexo, adelante, es lo más sano del mundo, si ambos saben a lo que atenerse y distinguen perfectamente el tipo de relación en el que están y nadie está siendo engañado. A veces vemos a las personas como posibles parejas sexuales en vez de las PERSONAS REALES QUE SON. Incluso puede que cuando las veamos como personas o como compañeros afectivos y no como parejas sexuales ni siquiera nos gusten. Por eso, es importante escapar de la prisión del placer sexual y no caer en las atracciones químicas sin sentido y que sólo llevan a la decepción. Por otro lado, el amor también necesita de la atracción química, por tanto, EXPERIMENTAR UNA FUERTE ATRACCIÓN QUÍMICA PUEDE SER LA BASE DE UNA RELACIÓN PLENA Y SALUDABLE, SIEMPRE Y CUANDO EXISTA COMPATIBILIDAD EN OTROS ASPECTOS Y COMPROMISO DE LAS DOS PARTES PARA HACER QUE LA RELACIÓN FUNCIONE. ASÍ PUES, LA ATRACCIÓN QUÍMICA POR ALGUIEN PUEDE SER LA BASE DE UNA RELACIÓN PLENA Y SALUDABLE, SIEMPRE Y CUANDO EXISTAN Y SE TRABAJEN OTROS ASPECTOS DE LA RELACIÓN. 

Si tienes dificultades para vivir el amor sana y plenamente, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

7 Hábitos facilitadores en las relaciones personales

En el post anterior hablábamos de los hábitos y comportamientos nocivos que afectan a las relaciones personales; como es lógico, también existen hábitos y conductas que ayudan a fortalecer las relaciones personales, inspirando confianza, amor, ternura, y todo el cuidado que sentimos por nosotros mismos y por los demás.

-Utilizar un tono calmado y tranquilo cuando hablamos. Esto nos ayuda a que los demás nos escuchen; también facilita que nos entiendan y que respondan adecuadamente a nuestras peticiones.

-Dirigirnos a los demás con amabilidad y cierta ternura. Esto provoca que las personas se abran, se sientan relajadas y comprendidas. Facilita la comunicación y el entendimiento, alejándonos de las posturas defensivas.

-Admitir errores. Nadie es perfecto, somos humanos y, por tanto, no somos infalibles en nuestro comportamiento ni en nuestras decisiones. Aléjate del perfeccionismo: es la semilla de la infelicidad.

-Disculparse cuando sea necesario. Este hábito nos convierte en personas emocionalmente sanas y honestas. Saber pedir perdón es una condición necesaria e imprescindible para unas relaciones sanas y plenas con los demás. El perdón tiene la capacidad de proporcionar una doble paz: para la persona que lo otorga y para la persona que lo recibe.

-Separar el problema de la persona. Centrarse en la dificultad o en el problema y no mezclar esto con lo que es la persona en sí, resulta requisito fundamental para la resolución asertiva de conflictos. Recuerda: lo que ha hecho alguien puede ser bastante diferente de cómo es la persona en realidad (nunca subestimes el poder de la situación que vive esa persona, ya que todos en unas condiciones concretas podemos hacer cosas que nunca habíamos pensado que pudiéramos hacer).

-Creer que puede solucionarse, buscando siempre un enfoque para desescalar el conflicto. No se trata de ganar al otro, se trata de encontrar juntos una solución positiva para ambos. Las luchas de egos sólo sirven para alimentar estúpidas disputas de poder, alejándose de las soluciones justas y adecuadas para las dos partes.

-Amarse uno mismo. Si sabemos amarnos y respetarnos como somos, con nuestros brillos y nuestras zonas menos luminosas, como personas completas, sin la participación dependiente de nadie, nuestras relaciones personales serán mucho más plenas y satisfactorias. Es mucho más sano relacionarse con alguien que se siente bien y a gusto consigo mismo y que no busca una dependencia emocional sino una conexión auténtica con otra persona que con alguien que está buscando que otra persona “lo complete”.

Si crees que necesitas mejorar tus relaciones personales, o simplemente, estar mejor contigo mismo, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.


7 Hábitos destructivos en las relaciones personales

Existen una serie de malos hábitos conductuales que son particularmente nocivos y que afectan a las relaciones con nuestra pareja, hijos, padres, amigos, etc, contribuyendo a incrementar el conflicto y la intensidad negativa de las mismas.

Veamos algunos de ellos:

  1. Gritar. Hablar más alto no significa que los demás nos escuchen mejor. Lo que ocurre cuando gritamos es que la otra persona se cierra, se bloquea y se pone a la defensiva dispuesta para el contraataque.
  2. Negarse a admitir que se han hecho las cosas mal o se han cometido errores. Si no somos capaces de admitir un error, los demás nos verán como personas poco honestas y poco dignas de confiarse a nosotros. Admitir que somos humanos y que nos equivocamos no es dejar que los demás vean nuestras miserias, sino dar valor a nuestras imperfecciones y amarlas tal cual. Y, sobre todo, es el primer paso para poner en marcha conductas alternativas para enmendar el error.
  3. Negarse a disculparse. Esto va en consonancia con lo anterior; si no somos capaces de ofrecer una disculpa cuando sabemos que nos hemos equivocado y que hemos herido a alguien, estamos creando en los demás enfado y resentimiento. Dejan de vernos como personas responsables y dignas de confianza.
  4. Señalar con el dedo culpabilizando a otra persona por nuestros problemas de relación. Este es el ingrediente perfecto para que se pongan a la defensiva y sobre todo para que se cree un resentimiento muy potente. Sin contar que no nos estamos haciendo responsables de nosotros mismos y estamos echando “balones fuera”.  
  5. Insultos. Cuando utilizamos palabras hirientes, estamos abonando el terreno para que la otra persona se abandone a la furia. Aquí entra también el uso de adjetivos sarcásticos. Seamos responsables con nuestro lenguaje. Un insulto nunca se olvida si proviene de una persona a la que estimamos.
  6. Esperar a que alguien llene nuestro “pozo de amor”. El trasladar esta responsabilidad a otras personas hace que nos encontremos siempre en una eterna “falta de amor”, ya que los responsables de llenar ese pozo interno somos nosotros mismos y no es responsabilidad de ninguna persona externa. Si ejercemos esa presión sobre otras personas, cargándoles con ese peso, nos haremos dependientes a largo plazo de sus muestras de afecto, lo que también aumentará nuestra ansiedad por conservar la relación y el miedo a perder lo que tenemos (dependencia emocional).
  7. Ver sólo un lado de la historia. Si nos negamos a ver el punto de vista de la otra persona, estamos no sólo empequeñeciéndola y haciéndola sentir que no cuenta, sino que a la vez nos estamos limitando el conocimiento a nosotros mismos, porque sólo sabremos la mitad de la historia.

Hay que dejar claro que nadie es perfecto y que todos, en algún momento, hemos incorporado a nuestro repertorio conductual alguno de estos malos hábitos. Lo importante es darse cuenta y poner en marcha estrategias de comunicación diferentes, intentando ser personas lo más asertivas posible ante los conflictos relacionales.

Si crees que tienes alguna dificultad en tus relaciones con los demás o quieres mejorar las que mantienes, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

La desconexión emocional

La desconexión emocional es un mecanismo de defensa psicológico que provoca problemas para conectarse emocionalmente con los demás. Simplemente, el ciclo emocional natural se interrumpe, como si se viviera "con el piloto automático puesto” y con la sensación de que nada de lo que ocurre llegase al yo interior. Es decir, se descuidan las emociones hasta tal punto que se disocian o alejan del yo interno, de forma que las personas parecen convertirse en “zombis emocionales” que “ni sienten, ni padecen”, expresado en el lenguaje común.

Este síndrome impide establecer relaciones cercanas e intensas con nadie y el grado de compromiso emocional se reduce cada vez más hasta llegar a desaparecer por completo. El cariño y el afecto dejan de ser algo significativo, y ya no se registran como sentimientos importantes, pasando a un plano secundario o directamente a su desaparición de la experiencia vital.  

Las personas afectadas con este síndrome eligen no sentir para evitar el sufrimiento; ante los temores internos que las inmovilizan, optan por aplicar esta desconexión de sus emociones. Es decir, su lógica es: “si no siento, no sufro ni sufriré”.

Así comienza el proceso de “enfriamiento” del corazón (estas personas suelen decir que su corazón está “seco”, “helado”, o cuando se les pregunta por lo que sienten en su corazón, directamente verbalizan “Yo ya no tengo corazón”). Este proceso servirá, según sus creencias erróneas, para proteger el alma de nuevas decepciones y de las heridas que no han cicatrizado aún; así, la persona acaba desarrollando una soledad interna muy potente como estrategia defensiva, que no es ni más ni menos que el fruto de experiencias emocionales dolorosas, que dejaron huellas imborrables y que aún no están del todo experimentadas y procesadas. A menudo, la soledad interna también es el resultado de la imitación de un modelo familiar que ha quedado incorporada de una forma perfecta al subconsciente y que suele ser difícil de identificar por el propio individuo.   

Algunas personas se justifican y hablan de su aislamiento emocional en términos racionales con frases como “No tengo amigos cercanos; no los necesito” “Me traicionaron tanto que ya no volveré a confiar en nadie”. Estas verbalizaciones no son más que el intento fallido de enmascarar la angustia, el dolor y el desencanto por las experiencias vividas en el pasado.

No pensemos que este aislamiento emocional o esta desconexión ocurre únicamente a personas que están solas, sino que muchas veces estas personas forman parte de relaciones estables; es decir, que el aislamiento emocional no tiene por qué aparejar un aislamiento social. Sin embargo, las relaciones que establecen las personas que sufren desconexión emocional no tienen la condición de “plenas” como las que constituyen personas equilibradas y sanas, ya que no hay entendimiento ni comunicación a un nivel profundo con sus parejas y todo se basa en una convivencia meramente superficial.

Si tienes dificultades para conectar emocionalmente con los demás o crees que "llevas el piloto automático puesto”, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

Personas pasivo-agresivas

Ya en una entrada anterior hablamos del estilo comunicacional pasivo-agresivo https://psicolucia76.blogspot.com/2021/10/conociendo-las-personas-pasivo.html

Una de las preguntas más frecuentes que se dan en consulta es cuándo esta conducta pasa de ser un comportamiento normal a una dificultad que adquiere tintes patológicos y que necesita  la intervención de un profesional. Veamos qué requisito o requisitos son necesarios.

Todos, en algún momento, nos hemos enfadado y hemos utilizado el silencio como arma; pero, generalmente, todos disponemos en nuestro repertorio conductual de más estilos de relación interpersonal y no utilizamos sólo la agresividad silenciosa como patrón de relación. Unas pocas veces seremos más sumisos/inhibidos, otras pocas veces nos comunicaremos de forma más agresiva e idealmente utilizaremos la asertividad en la mayor parte de nuestras interacciones personales. Es decir, que la agresividad silenciosa se convierte en una dificultad que requiere ayuda profesional cuando la manera de relacionarse de la persona es siempre la misma con todas las personas que la rodean: pareja, compañeros de trabajo, familia, conocidos, amistades, etc; por tanto, puede considerarse una patología cuando la persona normaliza esa forma de relacionarse como la única válida para sí misma, y se convierte en un patrón de acción rígido e inamovible en su repertorio conductual.  

La principal dificultad de estas personas es que no verbalizan lo que realmente quieren, sienten o desean; no comunican su oposición o su conformidad con aquello que se les requiere, optando por el silencio para desesperación y castigo a los demás.  No muestran el enfado o la conformidad que realmente sienten. Si se les pregunta por ese informe que nunca han enviado a pesar de que dijeron que lo harían o esa respuesta que se le pidió sobre un asunto particular hace un mes, pondrán mala cara y si se les pregunta qué ocurre, negarán que exista ningún tipo de conflicto al respecto.

Otra de las cualidades que presentan las personas pasivo-agresivas es que no soportan los lazos interpersonales, lo que entra en plena contradicción con la dependencia emocional hacia los demás que establecen. Les gusta que los demás los cuiden y los mimen, y se sienten heridos con facilidad. Pero esa dulzura y calidez de las relaciones es un lazo muy pesado para ellos y no pueden responder de la misma forma. Así que presentan conductas absolutamente incoherentes entre lo que dicen y lo que hacen, moviéndose entre los extremos de acercamiento-alejamiento, dejando perplejos a los demás, que no pueden establecer ningún tipo de expectativa razonable sobre el comportamiento en una relación de la persona pasivo-agresiva.

Así, de forma resumida, las características de estas personas son:

-Incapacidad de expresar lo que quieren.

-Dependencia emocional no reconocida.

-Enfado silencioso cuando se sienten heridos o no apreciados.

-Baja autoestima. No confían en sí mismos por su incoherencia entre sus pensamientos y sus acciones. Se ven como "una peonza" que oscila demasiado. 

-Incapacidad de reconocer ese enfado, malestar o cualquier emoción en sí mismos o en los demás.

-Culpabilizar a los demás de todo lo que les sucede.

-Pensar que su modo de actuar es el correcto y son los demás los que no lo hacen bien.

-Conductas de no confrontación y desprecio hacia la persona que en su imaginario les ha herido o menospreciado o con la que mantengan un conflicto: apagar el móvil, olvidar conversaciones importantes, dejar en visto los mensajes o las llamadas y no contestar…

-En las discusiones generadas por las situaciones negarán que actúen de esa forma o que tengan algún problema. Sencillamente dirán: “YO NO SOY ASÍ”.

-Si se les recrimina su conducta, negarán la mayor y querrán irse de rositas por su comportamiento incoherente. 

-Tomarán el papel de víctima, culpabilizando a los demás de todo lo que les ocurre y sobre todo por no entenderlos. Tienden a ver su propio dolor y no el ajeno.

Si tienes alguna dificultad relacionada con la comunicación, o te gustaría saber más sobre este tipo de personas para mejorar tu relación con ellas, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

 

Construyendo bienestar

Los seres humanos somos seres holísticos; esto significa que estamos compuestos de tres planos: el plano físico (nuestro cuerpo), el plano emocional (nuestras emociones y sentimientos) y el plano mental o cognitivo (nuestras ideas, creencias y pensamientos). Estos planos están interconectados y en equilibrio, de forma que nuestro estado emocional influye sobre lo que comemos, nuestra activación o desactivación afecta a nuestros pensamientos y los sentimientos (cualesquiera que sean) influyen en nuestra salud de forma general. 

Partimos de la base de que somos energía vital en movimiento, en continuo ir y venir, carga y descarga; nuestras emociones están conectadas con nuestros pensamientos y nuestro cuerpo. Todo esto produce una tensión y un movimiento interno (cognitivo y emocional) y externo (físico) que es necesario aprender a gestionar. Vamos a ver una serie de pautas que pueden ayudarnos para lograr la armonía:  

-Aprender a respirar correctamente. Esto parece algo simple, ya que si no supiésemos respirar no estaríamos vivos, y es cierto, pero también es cierto que hay maneras de respirar que pueden ayudarnos a mejorar nuestra salud emocional. Para aprender a respirar:

1.Inspirar de forma profunda, llevando el aire hasta el fondo de nuestro abdomen.

2.Retener el aire, permitiendo que nos llene completamente (contamos hasta cuatro).

3.Expirar lentamente, vaciándonos con suavidad.

4.Hacer una pausa antes de la siguiente inspiración.

-Aumentar la energía positiva que consumimos: buscar aquello que nos parezca bello, armónico, pleno. Contemplar paisajes, pinturas o imágenes que nos transmitan paz, calma y tranquilidad; también podemos buscar aquellas cosas, actividades o personas que nos estimulen o que nos hagan “vibrar”, explorando una gama más amplia de emociones. Vale cualquier cosa que nos transmita armonía (música, libros, películas, documentales, actividades placenteras). Se trata de contrarrestar la carga de cosas negativas que nos llega cada día.

-Fomentar la expresión (emocional y física) de nuestra energía vital. Cuando nuestro organismo necesita desahogarse o expresarse, la actitud correcta es la de permitir esas crisis. Pueden ser crisis físicas (resfriado, anginas, enfermedades agudas) o crisis emocionales (llanto, berrinches). Permitir que toda esta expresión natural de lo que somos transite por nuestro yo es darnos el mejor de los tratos. Una de las actividades más sencillas para que toda esta energía transite de forma adecuada consiste en escribir un diario, siendo sinceros, poniendo el foco en nuestros acontecimientos internos, sin juzgar, sin bloquear, sin censurar, sin analizar, sin interpretar; simplemente, dejando que todo fluya.

-Escuchar a los demás y permitir la expresión de su energía vital. Esto implica escuchar al otro, sin juzgar, permitiendo que descargue esa energía. Hay que escuchar y apoyar, ayudando al otro a ser lo que es.

Si crees que has perdido la armonía y el equilibrio en tu vida, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte a que los redescubras.

Los estilos de crianza

Para John Gottman, los estilos de crianza son la manera en la que los progenitores reaccionan y responden a las emociones de sus hijos. Por tanto, son patrones de actuación que recogen las emociones, pensamientos, conductas y actitudes de los padres con respecto a la crianza de sus hijos. Estos estilos resultan la llave maestra de la infancia, porque sentarán las bases del desarrollo social y emocional de los niños, y determinarán, por tanto, buena parte de su bienestar emocional en el futuro.

Hay dos componentes fundamentales que van a definir estos estilos de crianza. El primero es la sensibilidad de los padres hacia las necesidades emocionales de sus hijos, su capacidad para entender la percepción emocional del niño y lo que significa su mundo de afectos. ¿Manifiestan los padres interés en cómo se siente y por qué? ¿Cómo percibe el niño ese interés?

El otro componente del estilo de crianza es la exigencia y firmeza con la que los padres tratan al niño. ¿Qué cosas se le exigen al niño y con qué dureza se le trata cuando no cumple esas exigencias? ¿Cómo percibe el niño esta exigencia y esta dureza?

Dependiendo del nivel de sensibilidad y de exigencia, encontramos cuatro estilos de crianza:

-Estilo autoritario. La sensibilidad y el interés hacia las necesidades emocionales del niño son inexistentes o negativas, y el nivel de exigencia y dureza es máximo. No se permite al niño desarrollar su autonomía, guiándole y exigiéndole de forma excesiva, infantilizándolo, afectando a su autoestima y convirtiéndolo en una persona dependiente e insegura de sí misma.

-Estilo permisivo. Este es el estilo contrario: la sensibilidad y el interés hacia el mundo emocional del niño son adecuados (a veces también excesivos) y la exigencia y firmeza es mínima. No hay reglas establecidas de comportamiento, por lo que el niño no sabe qué se espera de él o de ella. La ausencia de exigencias propicia que el niño crezca sin aprender a tolerar la frustración; le resultará muy difícil aceptar las críticas de otras personas, y tendrá dificultades para relacionarse de forma equilibrada con los demás, ya que pensará que está en el centro de todo y que todos deben girar alrededor de él y de sus necesidades.

-Estilo negligente. En este estilo, todos los componentes de sensibilidad y exigencia están ausentes. No hay preocupación alguna hacia el niño. Es el más perjudicial de todos los estilos aquí mencionados.

-Estilo democrático. Refleja la mezcla perfecta entre sensibilidad hacia el niño y lo que se le exige. Se consensúan normas, facilitándoles la creación de confianza en sí mismos y el desarrollo de su propia autonomía como personas.

Si deseas saber más sobre cómo llevar a cabo una crianza satisfactoria, tienes dudas sobre si lo estás haciendo de forma adecuada o tu hijo presenta alguna dificultad, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

Perder la confianza en alguien

La pérdida de confianza en otra persona es uno de los principales motivos por los que las relaciones interpersonales pueden resultar seriamente dañadas. Veamos algunas pautas que pueden ayudarte a conseguir que se recupere la confianza si has pasado por esa experiencia.

Para comenzar, tengamos claro que resulta complicado recuperar el grado de intimidad que existía previamente al suceso que ha desencadenado la pérdida de confianza. Es muy posible que nada vuelva a ser como era antes.  En líneas generales, será un proceso largo y no sucederá de la noche a la mañana, así que ármate de paciencia.  

Si has sido tú el responsable del suceso, admite el error. Admitir que te has equivocado es el primer paso. No ocultes los hechos, ni intentes diluir responsabilidades. No eres una mala persona, sino una persona que a veces se equivoca.

Intenta no ponerte a la defensiva, porque podrías endurecer el conflicto; el respeto a los sentimientos de esa persona y a los tuyos propios y la humildad es el único camino para que te vea como un ser humano que comete errores.

Empatiza. Intenta ponerte en el lugar de la otra persona, o piensa qué harías tú si te hubiera pasado a ti; así te será más fácil comprender sus sentimientos y poder reparar el daño de forma correcta.

Habla de por qué lo hiciste: exponer tus motivos para actuar así hará que esa persona te vea de una forma más humana. Muestra todos tus sentimientos y opiniones sobre lo que ha ocurrido, sin que parezca que quieres imponer tu criterio, ni justificar lo injustificable.  

Fomenta la comunicación. Aprender a comunicarse de forma asertiva puede suponer un gran avance para la relación, al igual que aprender a gestionar los conflictos cuando surjan.

Cambia aquellas conductas por las que se llegó a la pérdida de confianza. Si la otra persona ve cambios notorios y mantenidos en el tiempo en la conducta relacionada con el suceso, será un proceso un poco más rápido.

Sé honesto y no mientas. La relación está dañada, así que cualquier pequeño conflicto puede suponer que se rompa del todo. Mentir puede ser visto como otra traición más, así que mejor decir la verdad sobre el suceso y ya para todas las ocasiones. Recuerda que decir la verdad siempre implica no tener que usar la memoria.  

Muéstrate como un libro abierto. Si no tienes nada que esconder, conviértete en agua cristalina. Cuanto más transparente seas, más fácil será que vuelva a recuperar la confianza en ti.

Y, por último, recuerda que por lo general las oportunidades sólo se dan una vez, así que no vuelvas a cometer el mismo error dos veces.

Si has pasado por esa experiencia y quieres volver a recuperar la confianza de esa persona o mejorar tu relación con ella, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

Duelo anticipado

Cuando una persona querida es diagnosticada de una enfermedad que presenta una evolución hacia un desenlace inexorable, aparece en los familiares y cuidadores lo que se denomina duelo anticipado; es decir, el proceso de duelo que es previo o anterior a la pérdida real del ser querido. 

Durante el duelo anticipado ocurren simultáneamente multitud de emociones como el miedo (relacionado con la ansiedad) la tristeza, la ira y la todopoderosa culpa; también se expresa mediante el llanto, la agresividad, leves taquicardias o presión en el pecho. Lo que ocurre es que simplemente nuestra mente y nuestro cuerpo están reaccionando de una forma preventiva al acontecimiento que tememos.

Todas estas manifestaciones son parte de un proceso absolutamente normal y adaptativo que nos ayuda a aceptar la situación de forma gradual y que nos van a permitir procesar mejor los acontecimientos venideros.

Algunas pautas que pueden resultar de utilidad en estos duros momentos son:

-Llorar. Los humanos estamos programados genéticamente para sentirnos mejor después de llorar. Llorar es de valientes. Compartir el llanto con otras personas, de auténticos héroes.  

-Exteriorizar emociones y sentimientos. Es decir, dejar salir de nuestro interior todo lo que sentimos: frustración, miedo, tristeza, rabia, ira… poder hablar de la situación con alguien con quien tengamos un buen vínculo nos ayudará muchísimo.

-Controlar todo lo posible los pensamientos pesimistas, intentando no anticipar acontecimientos. Todo llegará, pero a su momento.

-Disfrutar de cada momento presente con nuestro ser querido. Su luz brilla y está con nosotros. Céntrate en cómo hacer especiales cada uno de esos momentos que estáis compartiendo.  

-Fortalecer y disfrutar de los vínculos afectivos con los seres más cercanos. Esto implica poder hablar del significado de la pérdida con los nuestros, en un entorno afectivo seguro y donde pueden expresarse la impotencia, el desconsuelo, la incertidumbre… 

-Si no eres una persona particularmente expresiva, llevar un diario donde puedas anotar todo lo que estás sintiendo puede resultarte muy útil. Sólo lo leerás tú, así que puedes escribir todo aquello que te oprima o maldecir todo lo que quieras.

-Usar técnicas de relajación para controlar la ansiedad, como el control de respiración o la relajación muscular progresiva de Jacobson.

Si el duelo anticipado se alarga en el tiempo o te supone una dificultad que no puedes sobrellevar, en Meraki Psicología Aplicada podemos ayudarte.

Comunicación con adolescentes

La adolescencia es, evolutivamente hablando, una de las etapas más complicadas del ciclo vital y a menudo los padres se encuentran perdidos conforme sus hijos van avanzando hacia ella.

Son muchos los factores que confluyen para que esta etapa sea complicada para los adolescentes (biológicos, neurológicos, sociales, etc.) y que resulte agotadora para los padres. Aquí os dejo algunas indicaciones para mejorar la comunicación y que la relación con ellos sea lo más fluida posible.

Respetar. Ninguna relación humana es posible sin el respeto. Aceptar y respetar sus emociones, su necesidad de espacio, su manera de ver las cosas, su propio universo y todo lo que forma parte de nuestro adolescente es fundamental para una relación exitosa. 

Escuchar. Escuchar. Escuchar. ¿Significa esto que hay que quedarse con la boca cerrada cuando quiera hablar de cualquier cosa? Sí. Escuchar en silencio es una de las más poderosas formas de respeto que puede darse entre dos personas. Te está mostrando su mundo interno: tienes mucha suerte, así que agradécelo permaneciendo en silencio. Demuéstrale que puede confiar en ti y que puede hablar de lo que sea contigo.

Ponerse en su lugar. Seguro que si nos ponemos a recordar cómo fue nuestra adolescencia, nos resulte más sencillo empatizar con ellos. Todos hemos pasado por esa edad y guardamos aún algunas de las locuras que cometimos en nuestra memoria, así que seamos comprensivos con las suyas. Esto no significa que todo vale, pero sí que la comprensión nos puede simplificar mucho las cosas.

Propiciar momentos de comunicación. Los adolescentes suelen comunicarse poco o muy poco con sus progenitores. A esto se añade que, en esta era digital, cada uno de nosotros estamos más pendientes del móvil, de la tablet, del ordenador o de la tele que de nuestros hijos. Así pues, habrá que fabricar momentos propicios para estar con ellos, momentos de desconexión de lo digital y de conexión con los hijos (la hora de la cena suele ser un buen momento). Para propiciar este diálogo se puede compartir algo que le haya sucedido a un familiar, un debate amistoso como si le gusta más la playa o la montaña, qué deseo le gustaría pedir, si les gusta más el cine o el teatro… y hablar de los recuerdos que toda la familia tiene en común nunca falla (puede ser de un viaje, la antigua casa familiar de los abuelos, etc.).

Preguntar sin que parezca un interrogatorio policial. Pregúntale qué música le gusta, cuál es su ropa preferida… sin juzgar, sin censurar, sin acusar. Cualquier cosa servirá. No se trata de encontrar sus fallas, sino de conocerlos realmente.

Fomenta su autoconfianza. En esta etapa, la autoestima se resiente debido sobre todo a la multitud de opiniones externas (a menudo denigrantes) que escuchan. Pensad en la cantidad de mensajes negativos que pueden escuchar al cabo del día sobre su aspecto, su rendimiento académico y otras muchas áreas. Esto directamente repercute en que disminuye la valía que sienten. Mensajes como “Confiamos en ti” “Sabemos que puedes hacerlo” “Lo harás bien” pueden conseguir que no se apague esa valía interna.