Hacerse cargo de uno mismo: la decisión que estás tomando ahora mismo (aunque no lo sepas)


¿Y si el problema no fuera tu pasado… sino lo que eliges hoy?

“Bebo porque mi marido me dejó hace diez años”.
“Soy agresivo porque consumí drogas cuando era joven”.
“Estoy enfadada con el mundo porque crecí sin padre”.
“Soy así porque vengo de una familia disfuncional”.

Como psicóloga, estas frases aparecen una y otra vez en consulta. Y aunque entiendo el dolor que hay detrás, también veo con claridad algo preocupante:
👉 muchas personas han convertido su historia en una coartada permanente para no hacerse cargo de sí mismas.

Este artículo no va de negar el pasado. Va de dejar de vivir secuestrados por él.

Responsabilidad personal no es culpa (y conviene aclararlo)

Uno de los mayores malentendidos en psicología —y en divulgación emocional— es confundir responsabilidad con culpa.

  • Culpa: “Es mi fallo, soy defectuoso, algo está mal en mí”.

  • Responsabilidad: “Esto me ocurrió, y aun así, yo elijo ahora qué hacer con ello”.

Desde una perspectiva conductual, esto es clave:
👉 el pasado explica, pero no dirige.
👉 lo que dirige tu vida es la conducta que eliges hoy.

Puedes haber tenido una infancia dura, una relación traumática o una historia marcada por el abandono. Todo eso importa.
Pero no decide por ti cómo te comportas en este momento.

Elegimos nuestra conducta… incluso cuando creemos que no

Una de las ideas más incómodas —y más liberadoras— de la psicología conductual es esta:

Siempre estamos eligiendo cómo comportarnos

Incluso cuando decimos:

  • “No puedo evitarlo”

  • “Es que soy así”

  • “Me sale solo”

  • “No sé reaccionar de otra manera”

Desde fuera parece una reacción automática. Desde dentro, es una conducta aprendida y mantenida.

Beber para anestesiar el dolor, atacar para defenderse, aislarse para no sufrir, enfadarse con el mundo para no hacerse vulnerable…  Son estrategias. No destinos.

Y si son estrategias, pueden cambiarse.

 

Elegir cómo voy a sentirme: una idea que incomoda… porque empodera

Aquí aparece otra idea que a muchas personas les resulta casi ofensiva:

No siempre elegimos lo que nos ocurre,

 pero sí elegimos qué hacer con lo que sentimos.

Esto conecta directamente con lo que Wayne Dyer planteaba en Tus zonas erróneas:
no son los acontecimientos los que nos hacen desgraciados, sino la interpretación que sostenemos y la conducta que repetimos.

Sentir tristeza, rabia o miedo es humano. Instalarse indefinidamente en ellos es una elección, aunque no sea consciente.

  • Puedes sentir tristeza y cuidarte.

  • Puedes sentir rabia y no descargarla contra otros.

  • Puedes sentir miedo y actuar con coherencia.

La emoción aparece. La conducta posterior es elegida.

 

Aprender a no hacerse desgraciado (sí, aprender)

Otra idea potente —y poco popular— es esta:

👉 Nadie se hace desgraciado por accidente.

Nos hacemos desgraciados cuando:

  • rumiamos constantemente el pasado

  • mantenemos discursos internos de víctima

  • delegamos nuestro bienestar en otros

  • repetimos conductas que sabemos que nos dañan

  • justificamos el presente con historias que ya no existen

La buena noticia es que, igual que se aprende a hacerse desgraciado, se puede aprender a no serlo.

No desde el positivismo ingenuo. No desde el “todo es maravilloso”. Sino desde la conciencia radical de la propia responsabilidad.

El momento clave es siempre ahora

No fue tu infancia.
No fue tu ex pareja.
No fue tu familia.
No fue tu historia.

El punto decisivo es qué estás eligiendo ahora mismo:

  • qué conducta mantienes

  • qué discurso repites

  • qué emoción alimentas

  • qué haces cuando nadie te mira

El presente es el único lugar donde existe el cambio.

 

Hacerse cargo de uno mismo es un acto profundamente terapéutico

Cuando una persona deja de preguntarse:

                                                                           “¿Por qué me pasó esto?”

y empieza a preguntarse:

                                                                “¿Qué voy a hacer yo con esto ahora?”

algo se recoloca internamente.

No es fácil. No es cómodo. Pero es profundamente liberador.

Porque mientras el problema esté en el pasado o en los demás, el poder también lo está.


Para cerrar (y abrir reflexión)

Quizá la pregunta más honesta no sea:

“¿Por qué soy así?”

sino:

“¿Qué estoy eligiendo hoy que mantiene que siga siendo así?”

Y desde ahí, empezar —por fin— a hacerse cargo de uno mismo.


📌 Si este texto te ha hecho pensar:

 compártelo con alguien que viva atrapado en su historia

 vuelve a leerlo dentro de unos días

 observa tus elecciones cotidianas

 

 Porque el cambio no empieza entendiendo el pasado,

sino asumiendo el presente.

 

 

Hábitos que hemos normalizado y que pueden estar afectando a nuestra salud mental


Una mirada desde la psicología para entendernos mejor

Vivimos en una época en la que muchas conductas se han convertido en “normales” simplemente porque son frecuentes, visibles y socialmente reforzadas. Sin embargo, desde la psicología sabemos que lo habitual no siempre es lo saludable. Algunos hábitos actuales, lejos de mejorar nuestro bienestar, pueden estar contribuyendo a un aumento del estrés, la ansiedad, la sensación de vacío o el agotamiento emocional. No porque sean negativos en sí mismos, sino porque los practicamos sin pausa, sin reflexión y, a menudo, desconectados de las que son nuestras verdaderas necesidades psicológicas.

Analicemos algunos de estos hábitos desde una perspectiva científica y cercana.

 

1. Viajar cada fin de semana: cuando el ocio deja de ser reparador

Viajar se asocia al descanso y al disfrute, pero cuando se convierte en una rutina obligatoria puede perder su función reparadora. Desde la psicología del estrés sabemos que el descanso no consiste solo en “hacer cosas diferentes”, sino en reducir la activación mental y emocional.

Viajar implica mucha organización, desplazamientos, gastos extra y una constante toma de decisiones. Si cada fin de semana está ocupado, el cerebro no dispone de espacios reales para su  recuperación, lo que puede generar cansancio acumulado y una sensación de saturación.

Pauta psicológica:
Pregúntate si viajas porque lo deseas o porque sientes que “deberías hacerlo porque lo hacen todos los demás”. Alternar planes activos con fines de semana sin compromisos también es una forma saludable de autocuidado.

Ejercicio práctico 1: Viajar cada fin de semana

“El fin de semana que realmente necesito” Durante unos minutos, responde por escrito a estas preguntas:

  • ¿Cómo me siento física y mentalmente al terminar esta semana?
  • ¿Qué me repara más ahora mismo: estímulos o calma?
  • Si este fin de semana no tuviera que demostrar nada a nadie, ¿qué elegiría hacer?

👉 Objetivo psicológico: diferenciar descanso real de ocio impuesto y entrenar la escucha de las propias necesidades.

 

2. Cambiar el móvil con frecuencia: la ilusión de la novedad

La tecnología activa nuestro sistema de recompensa. Estrenar un móvil nuevo genera una breve sensación de satisfacción, pero la psicología ha demostrado que este efecto dura poco debido a la adaptación hedónica: nos acostumbramos rápidamente a lo nuevo.

Buscar bienestar a través de la novedad constante puede atraparnos en un ciclo de deseo e insatisfacción, reforzado por la comparación social y la presión por “estar al día”. Esto puede aumentar la ansiedad y la sensación de no ser suficiente.

Pauta psicológica:
Antes de cambiar de dispositivo, pregúntate qué necesidad emocional estás intentando cubrir. A veces no es innovación lo que buscamos, sino descanso, reconocimiento o desconexión.

Ejercicio práctico 2: Cambiar el móvil con frecuencia

“¿Qué espero sentir?” Antes de una compra tecnológica, detente y completa esta frase:

“Si cambio de móvil, espero sentirme más ________.”

Después pregúntate:

  • ¿Esa sensación depende realmente del objeto que voy a comprar?
  • ¿Qué otra acción podría acercarme a esa sensación sin la necesidad de comprar nada?

👉 Objetivo psicológico: identificar la necesidad emocional detrás del consumo y reducir decisiones impulsivas y costosas.

 

3. Comprar ropa cada temporada y relegar la que nos gusta: identidad y validación externa

La ropa no es solo funcional: también comunica quiénes somos. Cambiar constantemente de armario para adaptarnos a las tendencias puede alejarnos de nuestra identidad personal y reforzar la idea de que nuestro valor depende de la imagen que proyectamos.

Desde la psicología social, este patrón se relaciona con la búsqueda de validación externa. Además, el consumo como regulador emocional suele generar alivio momentáneo seguido de sensación de culpa o de vacío.

Pauta psicológica:
Revisa tu armario y pregúntate qué prendas te representan de verdad. Vestirte de una forma coherente contigo mismo puede ser un pequeño acto de bienestar psicológico.

Ejercicio práctico 3: Comprar ropa cada temporada

“Vestirme desde quién soy” Elige tres prendas que te hagan sentir cómodo/a y tú mismo/a. Escríbelas y responde:

  • ¿Qué tienen en común?
  • ¿Qué dicen de mí?
  • ¿Desde cuándo no las uso y por qué he dejado de usarlas?

👉 Objetivo psicológico: reforzar la identidad personal frente a la validación externa y fomentar una relación más consciente con la imagen.

 

4. Ir a eventos aunque no apetezca: el desgaste de no escucharse

Decir que sí cuando queremos decir que no es muy común, pero tiene un coste emocional. Ignorar de forma reiterada nuestras necesidades puede generar agotamiento, irritabilidad y desconexión interna.

La psicología señala que la dificultad para poner límites suele estar vinculada al miedo al rechazo o a decepcionar a los demás. Sin embargo, priorizarse no es egoísmo, es autorregulación emocional.

Pauta psicológica:
Empieza por diferenciar entre compromiso y obligación. Escuchar tu nivel real de energía antes de aceptar un plan es una habilidad que se puede entrenar.

Ejercicio práctico 4: Ir a eventos sin apetencia

“El semáforo de los planes” Antes de aceptar un plan, clasifícalo mentalmente:

  • 🟢 Me apetece y me aporta
  • 🟡 No me apetece, pero puedo gestionarlo
  • 🔴 No me apetece y además me resta energía

Intenta no aceptar planes en “rojo” de forma automática.

👉 Objetivo psicológico: entrenar el establecimiento de límites y la autorregulación emocional.

 

5. Crecer al ritmo de los demás: la trampa de la comparación constante

Compararnos es humano, pero hacerlo de forma continua puede convertirse en una fuente de malestar. Redes sociales y discursos de éxito nos hacen creer que existe un ritmo “correcto” para vivir, crecer o lograr objetivos.

La psicología ha demostrado que la comparación social ascendente (con las personas que consideramos “superiores” a nosotros) suele aumentar la insatisfacción y la ansiedad. Cada persona tiene tiempos, recursos y circunstancias distintas, y olvidar esa diferencia puede alejarnos de nuestro propio proyecto vital.

Pauta psicológica:
Cuando te compares, pregúntate si ese estándar es realmente tuyo o si lo has adoptado sin cuestionarlo porque lo has visto en redes o en personas que te rodean. Tu ritmo no necesita justificación.

Ejercicio práctico 5: Crecer al ritmo de los demás

“Mi línea temporal” Dibuja una línea de tiempo personal (pasado, presente, futuro) y anota:

  • Logros importantes para ti (no para los demás)
  • Dificultades superadas en tu vida
  • Ritmos propios que te han ayudado a crecer en todos los sentidos

👉 Objetivo psicológico: reducir la comparación social y reforzar una narrativa vital propia.

 

6. Vivir el trabajo como angustia permanente: cuando el estrés se normaliza

El malestar laboral se ha convertido en algo casi esperado. Sin embargo, el estrés crónico en el trabajo es uno de los principales factores de riesgo para problemas de salud mental como la ansiedad, la depresión o el burnout.

Cuando el trabajo se vive desde la amenaza constante —por exceso de exigencia, falta de control o ausencia de sentido—, el organismo permanece en alerta, afectando al estado emocional y al rendimiento cognitivo.

Pauta psicológica:
Reflexiona sobre qué parte del malestar es modificable (límites, descansos, expectativas) y cuál necesita ser replanteada a medio plazo. El trabajo no debería ocupar todo el espacio mental.

Ejercicio práctico 6: Vivir el trabajo como angustia

“Lo que depende de mí” Divide una hoja en dos columnas:

  • Columna A: aspectos del trabajo que dependen de mí
  • Columna B: aspectos que no dependen de mí

Reflexiona: ¿cuánta de tu energía dedicas a cada columna?

👉 Objetivo psicológico: disminuir la rumiación, aumentar el sentido de control y prevenir el estrés crónico.

 

7. Olvidar la meditación: parar también es avanzar

La meditación y la atención plena cuentan con amplio respaldo científico. Numerosos estudios muestran que ayudan a reducir el estrés, mejorar la regulación emocional y aumentar la claridad mental.

Aun así, en una cultura que premia la rapidez, detenerse parece improductivo. Sin embargo, entrenar la atención es una forma de prevención psicológica, no una pérdida de tiempo.

Pauta psicológica:
No es necesario meditar durante largos periodos. Bastan unos minutos diarios para observar tu respiración o tus pensamientos sin juzgarlos.

Ejercicio práctico 7: Olvidar la meditación

“Un minuto de presencia” Una vez al día:

  • Detente un minuto
  • Observa tu respiración sin cambiarla
  • Nota qué pensamientos aparecen y déjalos pasar

No busques hacerlo “bien”, solo hacerlo.

👉 Objetivo psicológico: entrenar la atención plena y reducir la reactividad emocional.

 

 

Cuidar la salud mental no siempre implica grandes cambios.

A menudo comienza con pequeñas preguntas, pausas conscientes y

decisiones más alineadas con lo que realmente necesitamos.

Cuestionar lo normal también es una forma de autocuidado.

 

Propósitos de Año Nuevo desde la psicología: cómo transformar la intención en un cambio real y duradero

Antes de comenzar, quiero agradecer a todas las personas que leéis este blog. Gracias a vuestra confianza y continuidad, hemos superado las cinco mil visitas desde su creación. Este espacio existe gracias a quienes encontráis valor en la divulgación psicológica basada en la evidencia. Estoy profundamente agradecida a todos vosotros.

Con el inicio del año, muchas personas formulan propósitos de Año Nuevo con el objetivo de mejorar su bienestar psicológico, su salud, su productividad o sus relaciones. Sin embargo, desde la psicología sabemos que la mayoría de estos propósitos fracasan en unas pocas semanas.

En este artículo abordaremos por qué fallan los propósitos de Año Nuevo desde la psicología y cómo diseñar cambios de comportamiento eficaces para que este año sí que sí, estos objetivos se consoliden en unos hábitos estables, en lugar de quedarse en meras declaraciones de intención.

Dos principios psicológicos fundamentales

Antes de entrar en las pautas prácticas, conviene subrayar dos ideas ampliamente respaldadas por la psicología:

  1. El cambio no depende del calendario. La motivación no emerge mágicamente en todos nosotros el 1 de enero. Desde el punto de vista psicológico, cualquier momento es adecuado para iniciar un proceso de cambio si el diseño conductual es correcto.
  2. El fallo no suele estar en la meta, sino en el proceso. La mayoría de las personas no fracasan por falta de voluntad, sino por no estructurar adecuadamente el cambio: objetivos poco definidos, ausencia de refuerzos, exceso de demandas o entornos que dificultan la conducta deseada.

Estrategias psicológicas para consolidar hábitos saludables

A continuación, veamos una serie de pautas basadas en principios de la psicología que pueden facilitarte la adherencia a los nuevos propósitos y mejorar tu bienestar:

-Reduce el uso de redes sociales (nadie notará tu ausencia). El consumo excesivo de estímulos digitales fragmenta la atención y deteriora la capacidad de concentración. Enfócate realmente en el cambio que quieres conseguir y dedícale tiempo. Todas las cosas necesitan tiempo para realizarse.

-Elimina estímulos y vínculos que no favorecen tu bienestar. Mantener relaciones disfuncionales consume muchísimos de tus recursos personales, recursos que puedes destinar a tus procesos de autocuidado y crecimiento personal.

-Estructura rutinas de sueño y alimentación. Dormir y despertarte a la misma hora, alimentarte adecuadamente y realizar ejercicio moderado al menos dos veces por semana mejora la regulación emocional y el funcionamiento ejecutivo.

-Practica la autoobservación escrita. Dedica unos minutos semanales a escribir sobre dónde estás ahora en tu vida y dónde te gustaría estar. Sé honesto o no conseguirás el cambio que quieres.

-Prioriza el descanso como variable psicológica clave. Revisa tu entorno de sueño (colchón, almohada, luces), establece rutinas previas al descanso y elimina pantallas al menos dos horas antes de dormir. El descanso insuficiente afecta directamente al estado de ánimo.

-Evita el “empiezo mañana”. En todas estas pautas no sirve el “empiezo mañana”. O lo haces, o dejas de quejarte porque tu vida no es lo que tú quieres. Postergar o evitar no te está ayudando.  

-Introduce prácticas de meditación. Permanecer en silencio y observar sin juicio lo que te rodea y tu mundo interior durante al menos veinte minutos diarios mejora la atención, reduce el estrés y favorece la plasticidad cerebral.

-Lee a diario. Leer al menos diez páginas al día entrena la atención y mejora las funciones cognitivas superiores. La lectura es una herramienta terapéutica indirecta.

-Evalúa tu conducta diariamente sin dramatizar. Revisa lo que has hecho bien y lo que has hecho mal. SIN DRAMA, SIN AUTOCULPA. Esto te ayudará a saber exactamente qué aspectos son los que hay que mejorar.

-Evita la multitarea. La psicología demuestra que el cerebro no realiza varias tareas complejas simultáneamente; alterna entre ellas, lo que conlleva una pérdida de eficiencia. Haz una sola tarea cada vez.

-Elige una sola meta y complétala. La sobrecarga de objetivos reduce la probabilidad de éxito y aumenta la sensación de fracaso.

-Cuida tu apariencia externa. El orden externo facilita el orden interno. La apariencia es importante: cambia la actitud. Revisa toda tu ropa: deshecha aquella que tenga rotos, haya perdido el color o no se ajuste a tu talla actual (incluyendo la ropa interior que está dada de sí, los viejos calcetines zurcidos y las prendas que no te hagan sentir cómodo y pulcro). Actualiza tu peinado y busca trucos de estilo para conseguir la imagen que deseas. 

-Ordena tu espacio físico. El caos externo mantiene el caos mental. Elimina distracciones en todos los entornos (profesional, personal…): concéntrate en lo esencial y mantén todo lo que te rodea ordenado.

-Rodéate de personas que refuercen tu cambio. Las personas que no apoyan el cambio tienden a sabotearlo, incluso de forma inconsciente.

-Aprende a decir NO a personas y a cosas. Establecer límites claros es una habilidad psicológica esencial para proteger los propios recursos emocionales. Decir NO no te convierte en mala persona, sino en alguien que se cuida.

-Permite que existan los días aburridos. El cerebro necesita periodos de baja estimulación para consolidar aprendizajes y reorganizar la información.

 

El cambio psicológico no depende de la motivación puntual ni de la fuerza de voluntad, 

sino de un diseño conductual coherente con el funcionamiento real del cerebro

Los propósitos de Año Nuevo pueden funcionar si se entienden como procesos progresivos, realistas y sostenidos en el tiempo.

Cambiar no empieza el 1 de enero,

empieza cuando el cambio se diseña bien.