5 cosas para que nuestra vida se convierta en una fuente de felicidad

Todos sabemos que son los pequeños placeres de cada día los que hacen nuestra vida más agradable; y con pequeños placeres no me refiero a los objetos que nos proporcionan felicidad, sino que hablo de experiencias, gestos y momentos. Hablo, por ejemplo, de un atardecer de un día de verano cuando el sol declina lentamente y se mezclan miles de colores en el cielo, el sentido del humor de ese amigo con el que te encuentras de vez en cuando y con el que tan bien te llevas, una sobremesa con amigos y que se prolonga hasta casi la cena, un plan improvisado y que termina arreglando un mal día…Veamos cinco gestos que pueden ayudarnos a ver la belleza del día a día y pueden proporcionarnos felicidad “de la buena”.

  1. Una sobremesa que se alarga o un café a media tarde con buena compañía. Compartir recuerdos, anécdotas, experiencias y risas con las personas que elegimos puede ser una gran forma de disfrutar de nuestro día a día. Compartir un buen café recién hecho con nuestros seres más cercanos y queridos no tiene precio.
  2. Disfrutar de un atardecer de verano. Ya sea en el jardín de casa, en el pequeño balcón de tu piso o en el salón-comedor con las ventanas abiertas de par en par, disfrutar del despliegue de color de un atardecer veraniego puede ayudarnos a reconectar nuevamente con nuestro yo interior. Tal vez prefieras leer un libro o ver tu serie favorita mientras atardece y el espectáculo de luz y de color te reconecta con la naturaleza. También es buena idea poner tu música favorita mientras “haces nada”.
  3. Regálate un pequeño gustazo cada día. Regalarse pequeños momentos es una norma a seguir para fomentar nuestro bienestar y nuestra autoestima. Tal vez te guste pintarte los labios de ese color rosado que tanto te favorece, tomar tu café favorito mientras lees los periódicos de la mañana, darte una larga ducha con ese gel afrutado que tanto te gusta, pasear con tu mascota mientras atardece, saborear tu bombón de chocolate favorito, darte un masaje con ese aceite corporal que tan suave te deja la piel… la lista de pequeños gustazos puede ser infinita. Si tú no fabricas estos pequeños gustos para ti, nadie lo hará.  
  4. Improvisar un plan. A veces nos empeñamos en controlar tanto nuestra vida que tenemos milimetrado hasta el último de los minutos. ¿Qué tal si cambias la rutina de última hora de la tarde por algo nuevo? A lo mejor es simplemente dar un paseo por una zona nueva, ir una hora a la playa mientras atardece… romper con la rutina nos proporciona la necesaria chispa para seguir adelante. Esto también es aplicable a los fines de semana. Procura no hacer siempre lo mismo en tus momentos de ocio durante demasiado tiempo seguido.
  5. No te tomes la vida demasiado en serio. Es verdad que todos tenemos responsabilidades en todas las facetas de nuestra vida, pero no se trata de pensar, calcular y ejecutar tanto que se congele nuestra sonrisa. Nada hay más terapéutico que una sesión de risas con nuestras mejores compañías. Elige aquellas personas que te aporten bienestar y tranquilidad a tu vida, con las que puedas conversar de cualquier tema y disfrutar de cada momento. Hay gente a nuestro alrededor maravillosa que a veces nos cuesta descubrir. Igual es el momento de pensar en la calidad de nuestras relaciones: busca tus afines y no tengas miedo a soltar una sonrisa.

El apego evitativo

En esta ocasión dedicaremos el post al apego evitativo. Ya hablamos en otra entrada de los diferentes tipos de apego según Bowlby, y recordemos que este tipo en concreto se caracteriza porque el cuidador principal no se ocupó de las necesidades emocionales del niño, evadiendo la relación en el plano emocional, ya que no supo cómo gestionar dicha relación. Este apego también puede darse como resultado en aquellos casos en los que la natural expresión emocional del niño se haya visto influenciada por la burla por parte del cuidador, o no haya existido una protección adecuada hacia el niño y este se haya sentido vulnerable ante las emociones de los demás.

Así aprendió que la mejor manera de ser aceptado era no compartir material emocional con sus cuidadores. Es decir, dejó de expresarse emocionalmente para evitar el rechazo y comenzó a utilizar conductas más distantes emocionalmente, aprendiendo que es mejor estar solos y ser autosuficientes porque no se puede confiar en los demás.  Como ha vivido desde siempre desconectado emocionalmente porque nunca le validaron ni le enseñaron a gestionar sus emociones, de adulto presenta grandes dificultades para gestionar su parte emocional. La falta de entrenamiento implica que tampoco sabe reconocer y comprender las emociones en los demás. La persona con apego evitativo niega su propia vulnerabilidad y se muestra autosuficiente; desconoce qué es lo que realmente desea, cuales son sus temores ni sus necesidades reales. Realmente no se conoce, no se explora, no sabe qué siente.

La autoestima de la persona con apego evitativo es alta, derivada de su sensación de autoeficacia y autonomía (se gestiona la vida de forma autónoma, no quiere depender de nadie), pero su percepción de los demás no es positiva, lo que se manifiesta sobre todo en las relaciones interpersonales, ya que no saben regularse emocionalmente y compartir material emocional con los demás les asusta profundamente.  Sin embargo, en su vida laboral son personas que brillan, ya que priorizan su lado racional sobre su lado emocional, y son idóneos en aquellos puestos de trabajo donde no haya una relación directa con los demás, ya que desconocen cómo gestionar esas relaciones por su componente emocional.  

Veamos algunas pautas que pueden ayudarte si te has reconocido como una persona con un apego evitativo.

-Descubre poco a poco qué sientes en cada momento, al ritmo que te sea soportable. Hazte preguntas y busca la respuesta dentro de ti.

-Reconoce tu vulnerabilidad como ser humano que eres. Necesitas cuidados, como todo el mundo. Eso no es nada malo, al contrario, reconocer que eres vulnerable te hará más sabio.

-Reconoce que, bajo esa coraza de hielo, necesitas afecto. Esto puede abrir la puerta a reconocer el resto de necesidades humanas.

-Muestra las emociones que sientes; no se trata de esconderlas ni de dar rienda suelta, sino de gestionarlas de forma adecuada.  

Ansiedad

No son pocas las personas que creen que su ansiedad tiene que ver con su entorno y con las situaciones que tienen que vivir. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Dedicaré este post para entender cómo funciona el mecanismo cognitivo de la ansiedad. 
 
Nuestro cerebro es una máquina maravillosa: es el órgano principal del sistema nervioso, y gracias a él podemos interpretar el mundo y a nosotros mismos. Crea el yo a través de la información que recoge del exterior, de nuestras experiencias y aprendizajes. Es decir, es una guía de interpretación de todo lo que nos rodea: nos proporciona un mapa interpretativo de cómo es la vida y cómo somos nosotros, cómo funcionan las cosas y cómo nos relacionamos con ellas. Por tanto, no es lo que nos pasa en nuestro día a día, sino lo que nuestro cerebro interpreta que nos pasa. Y si todo lo vemos a través de nuestra guía de interpretación… ¿qué ocurre cuando esa guía de interpretación no funciona correctamente? Imagina que tu cerebro haya aprendido a relacionarse con el entorno y a interpretarlo a través de emociones como el miedo, la autoexigencia, la ira o la preocupación y que lo descifre todo a través de este filtro erróneo… como es lógico, estas “gafas” o esta interpretación te provocará ansiedad. Esto sirve para entender que la ansiedad no está ni proviene del exterior, sino del interior. 
 
La ansiedad aparece cuando la interpretación de todo lo que nos rodea se vincula a la emoción de miedo y ese miedo está provocado no por un estímulo real que pone en peligro nuestra vida, sino por un estímulo irreal. Veamos esto con detenimiento. Cuando un peligro es real y puede que mortal (se acerca un autobús y puede atropellarte) provoca miedo y nuestro cerebro reacciona activando la amígdala, que es quien se encarga de activar la respuesta primitiva de huida o ataque, liberando adrenalina a chorros para salvarte la vida. Es decir, esta reacción de miedo tiene su utilidad. Cuando el autobús ha pasado, tu cuerpo se desactiva y la emoción de miedo desaparece. El problema surge cuando este sistema de miedo permanece activo 24 horas, 7 días a la semana, 365 días al año y tu cerebro interpreta toda clase de estímulos como potencialmente mortales. Eso es la ansiedad. 
 
Como nuestro cerebro funciona y su trabajo es que permanezcamos a salvo, simplemente con pensar que algo nos provoca miedo, actuará activando los procesos que he descrito antes. Es decir, que cuando tú piensas en una mala experiencia que ocurrió hace 20 años, tu cerebro la interpreta en el presente como una amenaza y sigue el mismo proceso de activación que hace 20 años. Y eso sólo con pensarlo. Esto da una idea del poder de los pensamientos: no es lo que nos pasa, sino lo que pensamos que nos pasa. Con esto quiero decir dos cosas: la primera, que si el detonante es un pensamiento, puedo dejar de pensar (sí, se puede dejar la mente en blanco o interrumpir un pensamiento); y la segunda, que si tengo un pensamiento negativo que activa el miedo, puedo tener otro positivo que lo desactive.
 
El proceso para interrumpir los pensamientos que nos provocan miedo puede ser algo tal que así:
1-     Identificar un pensamiento que nos provoque ansiedad (realizar una lista de pensamientos que nos provoquen ansiedad no es mala idea. Pueden ser cosas como “me voy a quedar solx” “no voy a encontrar trabajo” “los demás me van a juzgar” “tengo miedo a relacionarme con otras personas” “tengo miedo a que me hieran” “no voy a saber cómo hacerlo”).  
2-     Intentar observarlo como lo que es, un pensamiento. No es la verdad absoluta.
3-     Este pensamiento va a ir y venir según se le antoje, no tenemos que hacer nada en función de lo que opinemos en este momento sobre él.  
4-  Hacer un movimiento que sirva para cortar ese pensamiento cuando nos acucie (parada de pensamiento). Puede ser simplemente dar un chasquido con los dedos o sacarlo de tu cabeza haciendo el movimiento de pinza con los dedos (anclaje de movimiento).
5-     Practicar, practicar, practicar.
 
La otra forma para desactivar los pensamientos ansiosos es crear un pensamiento nuevo positivo para contrarrestarlos.
1-     Imagina un lugar que te produzca paz.
2-     Mentalmente trasládate a ese lugar y empieza a pensar en las características agradables que tiene, diciéndotelas mentalmente.
3-     Escucha cómo tu cuerpo y tu cerebro se calman.
4-     Toca un punto de tu cuerpo o un complemento que siempre lleves contigo (un colgante, una pulsera, un anillo), y asocia esa sensación de calma que te transmite ese lugar imaginario a ese punto de tu cuerpo o ese objeto, de forma que automatices sentirte tranquilx y segurx.  
5-     Practicar, practicar, practicar.
6-     Cuando un pensamiento ansioso te ronde, contrarréstalo con el pensamiento positivo que hayas creado previamente.
 
El camino para salir de la ansiedad no es otro que conocernos a nosotros mismos y la manera de interpretar el mundo que tenemos, reconduciéndola si es necesario. Es, como todo, un proceso de autoconocimiento. Lo importante es tener el valor de dar el primer paso hacia ese autoconocimiento.