Reinventarse

 

A veces suceden acontecimientos externos que nos empujan a cambiar, otras veces esta necesidad de cambio es interna porque sentimos que la vida que vivimos ya no nos representa… sea como sea, puede llegar un punto en el que deseamos redefinirnos a nosotros mismos bajo otras perspectivas; este proceso puede resultar muy desafiante para algunas personas, pero no hay que olvidar que los cambios son una parte natural de la vida, y todos estamos inmersos en ese proceso cambiante de construcción del yo.

Este proceso de redefinición es algo continuo y no sucede de la noche a la mañana, así que lo primero de todo es ser amables con nosotros mismos, después tomarnos nuestro tiempo y, por último, mantener la flexibilidad para con nuestro propio proceso. Veamos algunos pasos que pueden ayudarnos a reinventarnos.

  1. Reflexiona sobre tus valores. ¿Qué es lo más importante para ti en la vida? ¿Sinceridad, valentía, confianza, tolerancia, honestidad, amistad, amor, perdón, humildad…? Considera si tus acciones y decisiones sobre tu vida a día de hoy están en línea con esos valores fundamentales.
  2. Establece metas claras. ¿Qué quieres lograr en los distintos ámbitos de tu vida? ¿Hacia dónde quieres ir en tu futuro profesional? ¿Tu salud y bienestar se ha convertido en una prioridad? Analiza todos los ámbitos de tu vida y piensa en qué punto estás en cada uno de ellos y en qué punto quieres estar. Traza los caminos para llegar a esos nuevos puntos de bienestar.  
  3. Cuida tu bienestar. Priorízate. Tú eres lo más importante. Hacer ejercicio suave regularmente, practicar meditación, dormir lo suficiente… eres responsable de tratarte todo lo bien que puedas y sepas.
  4. Prueba cosas nuevas. Nuestra zona de confort es maravillosa, pero salir de ella nos ayuda a ampliar perspectivas y a descubrir nuevos intereses y pasiones. Quizá antes te gustaba la pintura y la lectura y ahora has descubierto que ya no te interesan y prefieres hacer surf…
  5. Cuida las relaciones que sean significativas para ti. Una relación requiere invertir tiempo, dinero, energía… no descuides a las personas importantes de tu entorno. Estas relaciones brindan apoyo emocional y enriquecen tu vida de muchas formas.
  6. Aprende de todo lo que has vivido. Utiliza tus experiencias para aprender; no todo ha sido bueno ni todo ha sido malo. Analiza esas experiencias y agradece haberlas vivido. Te han hecho ser la persona que eres ahora. Perdona, deja ir el pasado y comienza una nueva senda hacia la persona en la que quieres convertirte.
  7. Tú eres el experto en tu propia vida, pero si ves que el proceso de reinventarte se te hace cuesta arriba, busca ayuda profesional: puede ayudarte a trazar objetivos y metas y verte a ti mismx con más claridad para alcanzar todo tu potencial.

¿Y ahora qué?


Según algunos estudios, el 65% de los españoles dicen ser felices. Sin embargo, ¿es que nadie pasa por malos momentos? ¿Somos seres de luz que irradiamos paz, amor y felicidad a todas horas? Somos seres humanos y sentir ansiedad, tristeza, ira, miedo o enfado es absolutamente normal. Y no estar bien durante todo el tiempo también está bien. Somos nosotros mismos los que tenemos que mensurar el tiempo que pasamos mal, reconocer por qué estamos mal y emprender acciones para salir de ese estado emocional. Analicemos esto poco a poco.

Todos pasamos por malos momentos: un proceso de duelo por una persona fallecida, una ruptura amorosa, un examen que no salió como esperábamos y que nos ha hecho posponer nuestros planes, una mala racha en el trabajo… cualquier circunstancia puede dejarnos en “stand by”, noqueados, perdidos, y, lo que es peor, con la ilusión por la vida hecha pedazos. Veamos qué podemos hacer para transitar ese estado emocional de pérdida de ilusión de la mejor forma posible.

-Ponte en pie una hora antes. ¿Para qué? Para poder dedicar ese tiempo a cosas que te gusten, que no tengan que ver con tus obligaciones diarias. Recuerda qué cosas te gustaba hacer y con las que disfrutabas antes de sentirte desilusionadx y dedica esa “hora extra” a hacerlas. También puede ser algo tan sencillo como dedicarte esa hora a ti, a cuidarte, a desayunar tranquilamente… esto te hará afrontar el día de otra forma.

-Tómate el tiempo que necesites: cada persona es única y tiene su propio ritmo en el proceso de recuperar la motivación. Ponte como tu prioridad; tu bienestar mental es lo primero: si no tienes ganas, no pasa nada. Date permiso también para no hacer nada y dedicarte a pasar tiempo contigo mismx y reflexionar.  

-Escribe cómo te sientes; la escritura es muy terapéutica y te puede ayudar a conocerte más a ti mismx. Una buena idea es describir la situación por la que estás pasando, lo que te hace sentir y cómo ayudarías a alguien que estuviera en tu misma situación.

-Las infusiones, grandes aliadas. Existen en el mercado gran cantidad de productos para infusionar. Lo importante no es lo que tomes (cada persona tiene gustos diferentes), sino el proceso de elaborarlo y disfrutarlo. Busca ese “momento infusión” a lo largo del día. Disfruta de tu ritual diario: alrededor de las tazas humeantes surgen los mejores sentimientos.

-Disfruta de estar mal. Sí, suena raro, pero es que este estado emocional también pasará. No es sano negar que estamos mal, ni intentar hacer como que no ha pasado nada, ni acelerar el proceso de recuperar la ilusión. Date tu tiempo, tu espacio, cuídate y ámate.

Agresores: búsqueda del perfil de maltratador

Si bien los ensayos que se centran en establecer un perfil de los agresores son muy numerosos desde hace varias décadas, la literatura científica se muestra cauta: no hay etnia, raza, edad o clase social que resulte prevalente en la perpetración de las agresiones de género.

Lo que sí parece existir es un conjunto de rasgos generales que parecen definir a un maltratador. Veamos algunos de ellos:

-Susceptible: receloso, que se ofende con facilidad. Su pareja “debe” tener cuidado con lo que dice, no vaya a ser que “le siente mal” o “se sienta ofendido”.

-Autoritario: dominante, no permite un cuestionamiento a su autoridad. Las cosas se harán cuando él quiera y como él quiera.

-Impulsivo: se deja llevar por la impresión del momento. Su procesamiento cognitivo es elemental, simple e inflexible.

-Nula capacidad de afrontamiento: esta incapacidad de afrontar las situaciones complejas le provoca malestar y frustración que no sabe cómo gestionar, e intenta utilizar la fuerza o la violencia (física o psicológica) para controlar la situación.

-Se hace la víctima: suele mostrarse no como el causante de las situaciones, sino como la persona que es el blanco de todo lo que le ocurre. No admite su responsabilidad en su conducta, se ve “obligado” a hacerlo por sus circunstancias, o admite que posee un “defecto fatal” pero que “no puede hacer nada” para cambiarlo.

-Busca aleccionar a la mujer: su intención original no es lesionar o maltratar, sino dejar claro que la mujer no ha hecho las cosas como él quiere. La mujer "necesita" esa lección.

-Chantajea: utiliza la culpabilidad de la víctima para conseguir su perdón y volver a hacer exactamente lo mismo otra vez. No se arrepiente.

-Va anulando a la pareja poco a poco. Al principio es encantador, con las ideas claras, seguro de sí mismo; colma a la mujer con una atención que se va tornando poco a poco en control. Aísla poco a poco a la pareja de su familia y amigos (generalmente argumentando que “se meten donde no deben”); comienza con pequeños goteos de desprecios, de “feos”, de humillaciones, envolviendo a la víctima hasta que ya es demasiado tarde y se ve atrapada en el mundo del maltratador, dudando hasta de sí misma. 

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