Los “asesinos en serie” de las citas románticas

Actualmente las apps de citas e internet se han convertido en una herramienta para conocer gente; incluso han aparecido programas de televisión en los que nos dejan ver parte de lo ocurrido en esa primera cita en un intento más de mercantilizar las relaciones e incitarnos a su consumo.

Esta forma de relacionarse a través de la tecnología ha fomentado la aparición de una figura que el terapeuta sexual estadounidense Matt Lachman ha definido como “serial killer” de las citas románticas. Este perfil corresponde a alguien cuyo objetivo a la hora de buscar personas no es entablar una relación seria, sino disfrutar de la propia sensación de subidón y de la emoción que implican las citas. Es decir, para estas personas serás únicamente un trozo de carne más de la que se ofrece en el escaparate: son casi depredadores de guante blanco.

¿Y cómo distinguir a un serial killer amoroso? Según Lachman hay varios indicadores que pueden ayudar a la hora de saber con quién estamos tratando. Veamos algunos de ellos:

-Si les preguntas sobre sus experiencias amorosas (su pasado), se referirán a estas como tóxicas, o que no les han durado mucho, y eludirán la responsabilidad en el desarrollo de esas relaciones; la otra persona “no les entendió” y por eso no duró.

-No muestran arrepentimiento por ningún comportamiento que hayan tenido en las relaciones anteriores. No admiten ningún error, y te dirán que “lo dieron todo”.  Son personas frías, y los demás son sólo objetos para usar y tirar. La empatía suele brillar por su ausencia.

-Suelen ser personas halagadoras o que te hacen gran cantidad de regalos con el único objetivo de seducirte, para despedirte en cuanto tengan oportunidad.

-Son personas que quieren “ir muy rápido” en la relación. Lo quieren todo y ya; si van a por sexo, mejor cuanto antes para que dejes el sitio libre y poder seducir a otra persona.

-Suelen hacer promesas sobre el futuro sin una base razonable, para que creas que hay o puede haber “algo más”. Obviamente, son promesas que nunca van a cumplir.

-A menudo están inscritas a páginas de citas, frecuentan chats de ligues con asiduidad o tienen instaladas diferentes aplicaciones de citas o de mensajería en el móvil para aumentar las posibilidades de tener más citas. Y cuando están conociendo a alguien no desactivan estos perfiles de búsqueda. Eso les permite tener un nutrido banquillo de “suplentes” para cuando acaben contigo.

Si sientes que te has encontrado con uno de estos serial killer amorosos, el primer paso es restaurar tu autoestima; piensa que su comportamiento no tiene nada que ver contigo ni con tus características personales. Es su forma de actuar con todo el mundo, estas personas no han aprendido otra forma de relacionarse. Tú sigues siendo la misma persona valiosa que antes.

Pregúntate qué es lo que quieres para ti, priorízate y para las siguientes citas románticas para conocer a otra persona, comunica clara y llanamente qué es lo que quieres en una relación: si quieres algo duradero o no quieres compromiso, lo que esperas y lo que no de la relación… etc. Para evitar malos entendidos, explicita absolutamente todo lo que supone para ti una relación, dónde están tus límites, etc. Pregunta todo lo que desees preguntar, por muy incómodo que parezca. Y observa las reacciones de la otra persona ante tus preguntas.  

El éxito de ser mediocre

En el mundo actual, obsesionado con el éxito, la palabra mediocridad provoca rechazo: la carrera por ser los mejores profesionales, los más atractivos o los más felices está más que servida. Parece como si fuésemos capaces de hacer todo y alcanzar la perfección con sólo quererlo: más es más. Y no queda sitio para otra cosa que no sea la excelencia: no existe lugar para los perdedores y los fracasados.   

Y yo pregunto…  si tratamos de ser los mejores en todo, ¿no estaremos marcando una ruta con subrayador amarillo hacia la decepción y el fracaso? Dice un viejo refrán que quien mucho abarca, poco aprieta. Y siendo realistas, es así. Las fuerzas que cada uno de nosotros posee son finitas: el esfuerzo que invertimos en una cosa lo estamos restando a otra. Es imposible ser el mejor en todo. ¿Qué cosas dejamos atrás para ser mejor en todo?

Y, además, en esta carrera salvaje por la excelencia nos “ayudamos” con autoexigencias feroces y autocríticas constantes, desde la creencia errónea de que así seremos mejores y rendiremos más. Pero nos olvidamos de que quien recibe esas críticas o esas “palmaditas de aliento” en nuestro fuero interno somos nosotros. Entendamos de una vez que eso no nos beneficia, que estamos sembrando las semillas de la exigencia, del perfeccionismo y de la autocrítica y que los únicos frutos que pueden germinar de ellas son la procrastrinación, la apatía, la anhedonia, depresión, ansiedad y el autoabandono. Estas autoexigencias sin medida provocan la rendición de esa otra parte nuestra que no es el juez que critica, sino el reo que recibe la crítica. Y el reo decide que ya no quiere seguir comprometiéndose con nada porque nada de lo que haga será nunca suficiente para el implacable señor juez. Y decide que ya es suficiente. Se rinde y se abandona a sí mismo.

En esta carrera hacia el éxito y la excelencia olvidamos a nuestras parejas, abandonamos la vida social, hacemos horas extra sin descanso… cuando buscas el éxito, aburrirse parece ser pecado, errar y ser mediocre casi se cuenta como un acto rebelde e insurrecto. Sin embargo, ser mediocre quizá pueda significar hacer las cosas para disfrutar y para probar, sin ninguna intención de lograr algo, ni de ser el mejor.

Para terminar, parece que el fracaso fuese algo de lo que sentir vergüenza, y, sin embargo, no podremos avanzar hasta que veamos los fracasos como lo que son: experiencias que han llevado al éxito. Aprendemos del fracaso y no del éxito: detrás de cada éxito hay cien fracasos y cien errores.  

Reflexionemos que quizá todo esto de tener éxito sea simplemente la valentía de abrazar nuestros errores y aceptar nuestras limitaciones e imperfecciones: tal vez el camino real hacia el éxito es la mediocridad.

Cómo mejorar cada día

 

No hay que esperar a que lleguen grandes crisis personales ni el fin de año para evolucionar y ser mejores. Cada día puede ser una nueva oportunidad para mejorar en cualquier aspecto. Veamos algunas pautas que pueden servirnos para superarnos.

1.    Haz lo que ames. Si te dedicas a algo que te apasiona, transmitirás bienestar y felicidad a todas las personas que te rodeen. Tal vez te toque ser realista y no puedas optar a un puesto mejor que lo que tienes, pero recuerda que tienes una cosa que se llama “tiempo de ocio”, y que ahí puedes hacer lo que realmente te llene y te haga feliz.

2.     Conócete a ti mismo y acéptate tal y como eres. Toma contacto con tu yo más desconocido, reconoce cuáles son tus fortalezas y tus puntos a mejorar. Intenta ser honesto y aceptarte con tus luces y tus sombras.

3.     Practica el autocuidado. Cuidarse en todos los aspectos: físico, emocional… ponte como tu prioridad. Dedica un tiempo estipulado cada día a auto cuidarte. Practica el egoísmo sano de preferirte a ti mismo antes que a los demás. Aprende a decir NO, pon límites, respeta tus decisiones, cuida tus emociones, da voz a lo que sientas… cuídate emocionalmente. Y no olvides una dieta sana, ejercicio físico agradable… el cuidado físico es muy importante también.

4.    Cuida tus amistades y tus relaciones. Interésate por tus amigos, fortalece los vínculos afectivos que tengas. Programa actividades con ellos, comparte tu tiempo y tus pensamientos más profundos con las personas que realmente sean significativas para ti.

5.    Practica el perdón y la compasión, contigo mismo y con los demás. Si somos capaces de perdonar, afianzaremos vínculos y acortaremos distancias con los demás; también nos estaremos ayudando a mejorar si nos perdonamos a nosotros mismos. Habla contigo mismo y muéstrate autocompasivo, con la misma compasión que mostrarías hacia los demás.  Demuestra que tú eres tu mejor amigo.

6.    Traza metas y objetivos en tu vida. Nada hay más saludable que ser quien construye su vida poco a poco. Conviértete en una persona proactiva, piensa bien en qué quieres para ti y planifica los pasos que tienes que dar para llegar al punto donde quieres llegar. Y cuando hayas logrado todo lo que te proponías, vuelve a trazar nuevos caminos. Y no pasa nada porque haya cambios de dirección. Tú decides en cada momento qué es lo que quieres hacer. Y ese gran poder conlleva una gran responsabilidad.