Resiliencia: cuando la vida se pone cuesta arriba

La resiliencia es nuestra capacidad para recuperarnos y salir fortalecidos de una experiencia dolorosa. Esta capacidad permite el entrenamiento, es decir, que podemos enseñarle a nuestro sistema nervioso cómo afrontar los acontecimientos negativos y a plantear soluciones para salir fortalecidos ante estos acontecimientos.

Hay personas que tienen un estilo activo de afrontamiento: miran de frente los problemas y buscan soluciones. Cogen “el toro por los cuernos” cuando les ocurre algo negativo: han entrenado a su cerebro a parar, analizar y gestionar lo que les ocurre.

Pero un gran porcentaje de la población tiende a salir corriendo ante situaciones complicadas o, lo que es peor, a ocultarlas. Si estás entre ese porcentaje, veamos algunas pautas que pueden ayudarte.

-Párate y piensa. Tómate tu tiempo y ocúpate de ti. Ante cualquier situación complicada, lo mejor que puedes hacer es pararte y pensar en lo que te ocurre. Date cuenta de lo que te pasa y cómo te afecta. Identifica qué es lo que te hace sentir la situación, construyendo una imagen de la situación lo más detallada posible. A menudo oigo en las sesiones: “Yo prefiero no pensar”; el preferir no pensar implica que buscarás algo que te ayude a sobrellevarlo: sustancias u otro tipo de actividades que pueden convertirse en adicciones. No evites bajo ningún concepto pararte a pensar. La evitación no es un buen método de afrontamiento de problemas ni del dolor emocional: no resuelve nada, sino todo lo contrario, agravará la situación y hará que sea más compleja de resolver en un futuro.   

-Comunica. Hablar con nosotros mismos es fundamental, al igual que con todo nuestro entorno, para contrastar y para compartir ideas. El mero hecho de comunicar y expresar nuestro malestar y cómo lo estamos pasando ya genera recursos propios para gestionar la situación porque indica que ya hemos realizado un autoanálisis.   

-Piensa en posibles soluciones y genera recursos para tolerar el malestar. Toda situación compleja trae aparejado un malestar emocional: aprender a tolerar esa incomodidad nos hace más capaces de gestionarla. Para ayudar a tolerar el malestar puedes utilizar técnicas de relajación y meditación, por ejemplo.  

-Cuida tu salud física y emocional. Dormir, alimentarse bien, practicar ejercicio suave son factores básicos para resistir situaciones complicadas y más si se alargan en el tiempo. A veces descuidamos esas cosas tan básicas.

-Identifica cuáles son tus miedos, tus puntos fuertes, tus debilidades… tolerar esas debilidades es tan importante como aprovechar las cualidades o fortalezas. Explora cómo te sientes ante la situación, te irás descubriendo poco a poco y generando una imagen de ti que te dará la fuerza necesaria para gestionar por lo que estás pasando.   

-Apóyate en el entorno. No estás solo.

-Si ves que el proceso se te hace muy cuesta arriba, busca ayuda profesional. Es lo que ofrecemos los psicólogos todos los días: ayudamos a que las personas se descubran, a poner orden mental, a desarrollar fortalezas, a gestionar emociones… Toda situación traumática deja una herida, que después habrá que curar y sanar, y esto también forma parte de la resiliencia; nuestra misión como psicólogos tiene que ver con la tarea de limpiar y sanar esa herida, para que la persona recupere su fuerza y su integridad. Siempre estamos.

Dejarlo todo: la tentación vive arriba

A veces la vida puede volverse abrumadora y sentimos la necesidad de querer dejarlo todo y cortar cualquier vínculo con nuestro yo anterior. Sin embargo, es importante abordar este sentimiento de una forma reflexiva. Aquí hay algunos pasos que podrías considerar antes de tomar una decisión tan drástica:

1.     Reflexiona sobre tus motivaciones: ¿Por qué sientes la necesidad de dejarlo todo? ¿Es debido a problemas específicos en tu vida, estrés acumulado, insatisfacción con ciertas áreas de tu vida o hay algo más? Identificar las razones detrás de tu deseo puede ayudarte a entender mejor tus sentimientos.

2.   Evalúa las consecuencias: Piensa en las posibles consecuencias de dejarlo todo. ¿Cómo afectaría esto tu vida a corto y largo plazo? Considera cómo impactaría en tus relaciones personales, tu situación financiera, tu carrera y tu bienestar emocional.

3.     Busca apoyo: Habla con amigos cercanos, familiares o un profesional de la salud mental sobre lo que estás sintiendo. A veces, simplemente hablar sobre tus sentimientos puede proporcionarte claridad y perspectiva. Un terapeuta o consejero también puede ayudarte a explorar tus pensamientos y emociones de manera más profunda.

4.     Identifica soluciones alternativas: Considera si hay cambios que puedas hacer en tu vida para mejorar tu situación en este momento: tal vez sea buscar un nuevo trabajo, establecer límites saludables en tus relaciones, buscar ayuda profesional o hacer ajustes en tu estilo de vida.  

5.    Traza un plan: Si decides que dejarlo todo es la mejor opción para ti, haz un plan detallado sobre cómo llevarlo a cabo. Esto podría incluir establecer un presupuesto, buscar un nuevo lugar para vivir, encontrar un nuevo trabajo o cualquier otra acción necesaria para facilitar la transición.

6.    Sé consciente de tus emociones: Reconoce que tomar una decisión tan importante puede ser emocionalmente desafiante. Permítete sentir y procesar tus emociones a lo largo del proceso.

7.     Date tiempo para decidir: Evita tomar decisiones impulsivas. Tómate el tiempo que necesites para considerar cuidadosamente tus opciones y asegurarte de estar tomando la mejor decisión para ti en este momento.

8.    Considera que tal vez lo que necesitas sea simplemente una pausa: aprende a pausar, no a renunciar. Desconecta de tu entorno habitual unos días, sea vacacionando o un fin de semana de desconexión total haciendo cosas que te gusten y no supongan una obligación. Puede que a la vuelta lo veas todo mucho más claro.

Recuerda que siempre hay opciones y recursos disponibles para ayudarte a hacer frente a los desafíos que enfrentas en la vida. No dudes en buscar ayuda si sientes que estás luchando por encontrar una solución.

 

Quiet quitting

La renuncia silenciosa o quiet quitting es un sentimiento de cansancio y desmotivación en el empleado, que se refiere a una forma de dejar un trabajo sin realizar una renuncia explícita; el empleado le resta prioridad a su trabajo, incluso sin importar que esto pueda acarrear su despido, y se va retirando de forma gradual, disminuyendo su compromiso y participación en el mismo. Es como si se estuviera “desconectando” lentamente de su trabajo. 

Esta renuncia silenciosa puede manifestarse de varias formas:

-El empleado disminuye su productividad: disminuye su rendimiento en el trabajo, solamente cumple con lo mínimo requerido y evita asumir nuevas responsabilidades.

-El empleado disminuye la calidad de su trabajo: entrega tareas más tarde, comete más errores de lo habitual o ya no presta atención a los detalles.

-El empleado disminuye su proactividad: ya no propone nada ni tiene iniciativa dentro de la empresa. Evita acudir a reuniones o a participar activamente en ellas.

-El empleado comienza a aislarse socialmente dentro de la empresa: esta falta de colaboración con los compañeros o superiores es un fiel reflejo de la desconexión emocional con la empresa que está sintiendo.

-El empleado rehúsa realizar la formación que le ofrece la empresa para su crecimiento personal o laboral.

-El empleado presenta una actitud negativa y una comunicación deficiente o inexistente. Como ha perdido el interés en el trabajo, comienza a tener una mala actitud con sus compañeros o con sus superiores. En lugar de manifestar este malestar con su situación, prefiere reducir su compromiso con su trabajo.

-El empleado presenta un ausentismo frecuente: comienza a incumplir horarios o a faltar de forma más continuada a su puesto de trabajo sin comunicárselo adecuadamente a sus superiores. 

Es importante que los contratantes estén atentos a los signos de una renuncia silenciosa por parte del trabajador, para poder abordar las preocupaciones y problemas antes de que los empleados tomen la decisión de “dejar la empresa sin dejarla”. Una vez que el trabajador “ha renunciado silenciosamente” va a ser muy difícil que vuelva a comprometerse con la empresa. Lo más adecuado en estos casos es comunicarse de forma clara y directa con el trabajador y encontrar una salida adecuada de la misma.